Muéstrame tu perfil, y te diré de lo que padeces

Muéstrame tu perfil, y te diré de lo que padeces

Nicole Oré Kovacs[1] 

“El futuro se reduce a una permanente actualización de lo actual. De este modo, existimos sin historia, pues la narración es una historia” (Byung Chul Han, 2023)

Agradezco a María Kovacs por la pregunta que motivó el artículo


La red social nos muestra un perfil que aglutina múltiples fotografías. Una pareja de rostros sonrientes, juntos, que se declaran un amor perfecto y eterno. Detrás de esa pantalla, en el mundo de la vida no-digital, aquel amor está marcado por una historia de dolor y manipulación. El siguiente perfil nos muestra la sonrisa suave de una niña de 3 años, fotografiada en varias situaciones cotidianas, sin haber consentido mostrar-se ante un público. Pasamos al siguiente, nos topamos con un departamento recién comprado, el auto nuevo con un enorme lazo rojo, detrás de los cuales se oculta una deuda bancaria que amenaza con desestabilizar la economía familiar. Seguimos avanzando, nos resulta imposible detenernos. Nos topamos con un perfil fúnebre, que recoge fotografías de los rituales de la muerte de una persona cuya historia no conocemos y que, imaginamos, tampoco esperaba que su muerte fuera un asunto del espacio público.

En el mundo digital, en el que lo privado se hace público, la identidad se diluye en narrativas aparentes, que escenifican un yo ideal. Aparentes, en el sentido de presumir coherencia y veracidad, a pesar de ser empleadas como defensa ante una identidad vacía, que intenta adecuarse a los estándares de la modernidad. La pareja perfecta, la familia ideal, la abundancia económica, la productividad incesante son algunos ejemplos de estos estándares. Por ello, estas narrativas aparentes son un intento de desarrollar anclajes narrativos individuales, que se sostienen por la cantidad de likes y comentarios. El problema es que no resultan ser narrativas consistentes, convirtiéndose entonces en mera información inarticulada.

El mundo de la información y del dato objetiviza a los sujetos y a sus historias. Dejamos de ser agentes narrativos y nos convertimos en meras fuentes de información y negocio. De ahí que sea tan fácil transformar y exponer los hechos que supuestamente componen al “sí-mismo”, fragmentándolo en el espacio digital. La aparente unidad y coherencia de los perfiles en las plataformas digitales ilustra el intento de reconstituir a toda costa al sí-mismo fragmentado a través de pequeños selfies y reels concatenados, que no se sintetizan en una narración.

En las redes sociales no hay futuro, no hay historia. En ellas existen protocolos informativos conectados entre sí que se acumulan para componer una identidad digital falsa. Más específicamente, siguiendo a Byung Chul Han (2023, posición en Kindle 436-439):

La narración autobiográfica se basa en hacer una reflexión posterior sobre lo que se ha vivido, en hacer un trabajo consciente de rememoración. Los datos y las informaciones, por el contrario, se generan al margen de la conciencia. Reflejan inmediatamente nuestras actividades, antes de que reflexionemos expresamente sobre ellas y las interpretemos, antes de que sean filtradas por la reflexión. Tanto mejor será la calidad de los datos cuanto menos se implique la conciencia en ellos.

La falta de conciencia en los datos impide al sujeto realizar una reconstrucción narrativa de su biografía. La identidad pierde su consistencia y profundidad: se sustituye por un torrente informativo cuya coherencia depende de lo que el sujeto desea “ser para el otro”. Por ello, en ese espacio carente de reflexión, priman el narcisismo y el individualismo. Por lo tanto, la pregunta del ser digital podría ser la siguiente: ¿Quién quieres que sea hoy para ti?

El relato narcisista que puede construirse en las plataformas digitales no es más que una mera adición de hechos, en apariencia fácticos, que ocultan una verdad. Se nos presenta la facticidad de una vida sana, productiva, optimizada y ajustada. Las vidas que se nos presentan así ocultan su absurdo. Se trata del absurdo de la carencia, del padecimiento, de la alienación y del dolor, que no pueden manifestarse a través del dato. Una identidad informativa digital es una máscara de la que no puede contarse una historia.


Referencias

[1] Psicóloga y docente en la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC) y la Universidad Antonio Ruiz de Montoya (UARM).


Bibliografía

[1] Han, Byung-Chul (2023). La crisis de la narración. Herder Editorial


Leave a Reply

Your email address will not be published.