Sebastián Carruitero Cárdenas ([1]*)
Sebastián Carruitero Cárdenas (Lima, 1996) abogado por la Universidad de San Martín de Porres, especializado en Derecho de la Competencia y de la Propiedad Intelectual
En el derecho de la competencia, la delimitación del mercado relevante constituye, tradicionalmente, el punto de partida para evaluar la existencia de poder de mercado, a efectos de determinar, posteriormente, la posible existencia de un abuso de posición dominante[2]. Históricamente, la delimitación se ha estructurado sobre la base de criterios de sustituibilidad, basados principalmente en variaciones en el precio.
Sin embargo, la irrupción de las plataformas digitales ha tensionado de forma significativa estos presupuestos. En entornos donde los usuarios participan simultáneamente en múltiples lados de un mismo mercado y donde los datos y los efectos de red constituyen activos competitivos centrales, la noción clásica de mercado relevante enfrenta limitaciones evidentes. En estos contextos, el precio deja de ser un indicador suficiente para medir sustitución, mientras que variables como la calidad del servicio o el acceso a datos adquieren un rol determinante.
Así las cosas, conviene preguntar: ¿sigue siendo el concepto de mercado relevante una herramienta útil para el análisis de competencia en la economía digital, o su aplicación automática puede conducir a diagnósticos erróneos sobre poder de mercado? A través del presente artículo se sostiene que, si bien el concepto no ha perdido vigencia, su formulación tradicional resulta insuficiente para capturar las dinámicas competitivas de las plataformas digitales, las cuales obedecen a criterios distintos.
1. EL CONCEPTO CLÁSICO DE MERCADO RELEVANTE Y SUS SUPUESTOS
Como se mencionó anteriormente, el análisis del mercado relevante se ha consolidado como una herramienta central para identificar el ámbito dentro del cual se evalúan las condiciones de competencia[3]. Su delimitación descansa, fundamentalmente, en la identificación de bienes o servicios que resultan sustituibles desde la perspectiva de la demanda (y, en menor medida, de la oferta), lo que permite determinar el grado de presión competitiva que enfrentan los agentes económicos.
En este marco, el “test del monopolista hipotético” o “SSNIP[4] test” ha operado como el principal instrumento metodológico. A través de este, se evalúa si un incremento pequeño pero significativo y no transitorio en el precio llevaría a los consumidores a sustituir el producto en cuestión por alternativas disponibles, lo que, de ser así, implicaría que dichas alternativas forman parte del mismo mercado relevante. Este enfoque presupone, por tanto, que el precio constituye el eje en torno al cual se articula la competencia y que las decisiones de los consumidores responden, en términos generales, a variaciones en este.
No obstante, este modelo descansa sobre una serie de supuestos implícitos que, si bien resultan razonables en mercados tradicionales, se vuelven problemáticos en entornos digitales. En particular, asume (i) la existencia de precios positivos como variable de competencia observable, (ii) la posibilidad de analizar la sustituibilidad de manera relativamente aislada en un solo lado del mercado, y (iii) la ausencia de dinámicas acumulativas significativas, como las derivadas de los efectos de red o de la acumulación de datos.
2. LAS FRICCIONES DEL MODELO TRADICIONAL EN MERCADOS DIGITALES
Las limitaciones del concepto clásico de mercado relevante no se manifiestan en abstracto, sino en su aplicación concreta a plataformas digitales, donde varios de sus supuestos estructurales simplemente dejan de cumplirse. El problema no es que el modelo sea incorrecto, sino que opera sobre variables que no son centrales en dichos mercados.
En primer lugar, las plataformas digitales funcionan, por regla general, como mercados de múltiples lados, en los que distintos grupos de usuarios interactúan a través de una misma infraestructura[5]. Así, por ejemplo, servicios como Google o Meta no solo conectan usuarios finales entre sí, sino también a estos con anunciantes, desarrolladores o proveedores de contenido. Analizar la sustituibilidad únicamente desde uno de estos lados implica ignorar que las condiciones de competencia en un lado del mercado dependen estructuralmente de lo que ocurre en los otros, con lo cual se ignora que la dinámica de tales mercados comprende un conjunto de interacciones interdependientes.
En segundo lugar, el énfasis del análisis tradicional en el precio como variable central de competencia se vuelve particularmente problemático en entornos donde este es, en apariencia, inexistente. En muchos servicios digitales, el precio monetario es igual a cero, lo que no implica ausencia de contraprestación, sino su desplazamiento hacia otras dimensiones, como la cesión de datos o la atención del usuario[6]. Pretender aplicar el SSNIP test en estos contextos no solo es metodológicamente forzado, sino que revela una tensión más profunda: si el precio no es el mecanismo relevante de competencia, entonces el instrumento diseñado para medir sustitución pierde gran parte de su capacidad explicativa.
A ello se suma el rol de los datos como activo competitivo. A diferencia de los insumos tradicionales, los datos presentan características que dificultan su replicabilidad: son acumulativos, presentan economías de escala y, en muchos casos, su valor depende de la capacidad de procesamiento y análisis que solo ciertas plataformas poseen[7]. Esto genera una ventaja competitiva que no se traduce necesariamente en precios más bajos, sino en mejoras en calidad, personalización o eficiencia que refuerzan la posición de los incumbentes. En este contexto, la pregunta relevante deja de ser si existen productos sustitutos en términos de precio, para pasar a ser si existen competidores capaces de replicar condiciones equivalentes.
Finalmente, los efectos de red introducen una dinámica que el análisis tradicional apenas logra capturar. El valor de una plataforma para sus usuarios aumenta en función del número de participantes, lo que genera incentivos a la concentración y eleva las barreras de entrada[8]. Aunque puedan existir alternativas, la sustituibilidad efectiva se ve limitada por el hecho de que el valor no reside únicamente en el servicio, sino en la red misma. En estos casos, sostener que los usuarios pueden cambiarse de plataforma ante un incremento hipotético de precio resulta, en el mejor de los casos, una simplificación excesiva.
Un ejemplo ilustrativo es el de Amazon, cuya operación como marketplace integra vendedores, consumidores y servicios logísticos en un mismo ecosistema. Definir su mercado relevante exclusivamente como “venta minorista online” ignora que su poder competitivo no deriva únicamente de la intermediación, sino de la integración de datos, logística y visibilidad dentro de la propia plataforma. En este tipo de estructuras, la delimitación del mercado relevante no solo resulta compleja, sino que corre el riesgo de ser conceptualmente reductiva.
En suma, las plataformas digitales no eliminan la utilidad del concepto de mercado relevante, pero sí exponen sus límites con particular claridad. Al aplicar herramientas diseñadas para mercados donde el precio, la transacción bilateral y la sustituibilidad directa eran centrales, el análisis de competencia corre el riesgo de describir de forma incorrecta las verdaderas dinámicas competitivas en la economía digital.
3. LOS RIESGOS DE MANTENER EL ENFOQUE TRADICIONAL
Las limitaciones del análisis tradicional del mercado relevante en entornos digitales no son meramente teóricas. Su persistencia tiene consecuencias directas en la forma en que las autoridades identifican la existencia de poder de mercado y, en última instancia, de conductas anticompetitivas. En este sentido, el problema no es solo metodológico, sino también institucional: un diagnóstico incompleto puede traducirse en decisiones de enforcement poco efectivas.
Un primer riesgo consiste en la subestimación del poder de mercado. Si la delimitación del mercado relevante se construye sobre la base de criterios de sustituibilidad centrados en el precio, es posible que se concluyan escenarios de alta competencia en contextos donde, en realidad, existen posiciones dominantes sostenidas por factores no apreciables mediante dicho análisis, como los efectos de red o la acumulación de datos. Así, la aparente existencia de múltiples alternativas puede ocultar la falta de competencia efectiva, en la medida en que dichas alternativas no son capaces de replicar las condiciones estructurales que sostienen la posición de la plataforma dominante.
Un segundo riesgo se vincula con la definición artificialmente estrecha o amplia del mercado relevante. En algunos casos, una delimitación excesivamente restrictiva puede sobredimensionar el poder de mercado, mientras que una definición demasiado amplia puede diluirlo hasta hacerlo irrelevante. En mercados digitales, donde las fronteras entre servicios son difusas y las plataformas operan como ecosistemas integrados, esta tensión se acentúa. El resultado es que la delimitación del mercado deja de ser un instrumento para esclarecer la realidad competitiva y se convierte, en ocasiones, en un ejercicio formal cuya utilidad práctica es discutible.
En tercer lugar, la aplicación rígida del enfoque tradicional puede dificultar la identificación de conductas anticompetitivas específicas de entornos digitales. Prácticas como el self-preferencing, la integración de servicios dentro de una misma plataforma o el uso estratégico de datos no encajan fácilmente en categorías diseñadas para mercados más simples. Si el análisis parte de una definición de mercado que no captura adecuadamente tales dinámicas, existe el riesgo de que estas conductas queden fuera del radar o sean evaluadas bajo estándares inadecuados.
Este punto resulta particularmente relevante en el análisis de ecosistemas digitales, donde el poder de mercado no se manifiesta necesariamente en un producto específico, sino en la capacidad de una plataforma para extender su influencia a través de distintos servicios interconectados. En estos casos, la insistencia en identificar un mercado relevante claramente delimitado puede llevar a fragmentar artificialmente un fenómeno que, en la práctica, opera de manera integrada.
Estos riesgos plantean un desafío adicional para las agencias de competencia en la medida que la utilización de herramientas que no capturan adecuadamente las dinámicas digitales puede limitar la capacidad de intervención de la autoridad o llevar a decisiones que no reflejan ni se ajustan a las condiciones reales del mercado. En este contexto, la cuestión no es si debe abandonarse el concepto de mercado relevante, sino si su aplicación puede seguir realizándose bajo los mismos parámetros que en mercados tradicionales.
En suma, mantener sin ajustes el enfoque clásico no solo reduce la capacidad explicativa del análisis de competencia en mercados digitales, sino que también puede comprometer su eficacia como herramienta de intervención. La aparente neutralidad metodológica del concepto de mercado relevante oculta, en estos casos, una limitación más profunda: su dificultad para capturar formas de poder de mercado que no se expresan a través de las variables para las que fue originalmente diseñado.
4. ¿REFORMAR O ABANDONAR EL CONCEPTO DE MERCADO RELEVANTE?
Las limitaciones expuestas no conducen necesariamente a la conclusión de que el concepto de mercado relevante deba ser abandonado. Hacerlo implicaría prescindir de una herramienta que, pese a sus deficiencias, sigue cumpliendo una importante función en el análisis de competencia. Sin embargo, tampoco resulta convincente sostener que su aplicación puede mantenerse inalterada frente a transformaciones estructurales en la forma en que compiten los agentes económicos.
Una primera línea de respuesta consiste en adaptar las herramientas existentes. En particular, se ha propuesto complementar –o incluso sustituir– el tradicional SSNIP test por métricas que capturen variables distintas al precio, como la calidad del servicio, la protección de datos o la intensidad en el uso de la información[9]. Bajo este enfoque, el análisis de sustituibilidad no desaparecería, pero se desplazaría hacia dimensiones más acordes con la realidad de los mercados digitales. No obstante, esta solución plantea –como mínimo– una duda: ¿es posible operacionalizar tales variables con el mismo grado de precisión que el precio, o se corre el riesgo de introducir un margen de discrecionalidad que debilite la seguridad jurídica?
Una segunda aproximación propone ampliar el foco del análisis, desplazándolo desde productos individuales hacia ecosistemas digitales. En estos contextos, el poder de mercado no se explica únicamente por la posición en un mercado específico, sino por la capacidad de una plataforma para integrar servicios, apalancar datos y generar dependencias entre distintos grupos de usuarios. Desde esta perspectiva, la delimitación estricta de un mercado relevante podría resultar menos informativa que un análisis directo de las condiciones de competencia dentro del ecosistema en su conjunto. Sin embargo, este enfoque no está libre de dificultades, pues implica difuminar el análisis tradicional y desafiar categorías jurídicas consolidadas.
Una tercera línea, más crítica, cuestiona el rol central que se le ha asignado al mercado relevante dentro del análisis de competencia. Bajo esta visión, insistir en su delimitación como paso previo e indispensable puede desviar la atención de lo que, en última instancia, se busca determinar: la existencia de poder de mercado y su eventual abuso. En mercados digitales, donde este poder puede manifestarse a través de control de datos, efectos de red o integración vertical, la delimitación del mercado podría perder protagonismo frente a un análisis más directo de dichas fuentes de poder. Esta postura no implica eliminar el concepto, pero sí relativizar su carácter estructurante dentro del análisis jurídico.
Ahora bien, dejar de lado el análisis del mercado relevante en esta clase de plataformas no equivale a prescindir de rigor analítico. Por el contrario, exige desarrollar herramientas que permitan identificar y medir nuevas formas de poder de mercado con suficiente consistencia, pues podría acabar cambiándose un modelo imperfecto, pero predecible, por uno más flexible, pero potencialmente arbitrario.
En suma, el desafío no reside en elegir entre conservar o descartar el concepto de mercado relevante, sino en evitar que su aplicación se convierta en un ejercicio formal desconectado de las dinámicas competitivas que pretende capturar. En la medida en que el derecho de la competencia continúe enfrentando fenómenos que exceden los supuestos para los cuales fueron diseñadas sus herramientas tradicionales, la adaptación del análisis no será una opción, sino una necesidad.
5. CONCLUSIÓN
El concepto de mercado relevante no ha dejado de ser útil, pero sí ha dejado de ser suficiente. Su formulación clásica, anclada en el precio y la sustituibilidad directa, responde a una lógica de mercados que no necesariamente coincide con las dinámicas de la economía digital, donde el poder de mercado se construye sobre variables menos visibles, como los datos, la atención y los efectos de red.
Insistir en su aplicación bajo parámetros tradicionales no solo reduce su capacidad explicativa, sino que puede condicionar el análisis de competencia. El problema, en este sentido, no radica en la existencia del concepto, sino en la forma en que se le ha asignado un rol determinante dentro del razonamiento jurídico.
En última instancia, el desafío para el derecho de la competencia no es preservar intactas sus herramientas, sino asegurar que estas sigan siendo capaces de capturar la realidad que pretenden regular. Cuando ello no ocurre, el riesgo no es solo teórico: es que el análisis jurídico termine describiendo mercados que, en la práctica, ya no existen.
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* Asociado del área de Consumo y Competencia del Estudio Rodríguez Angobaldo. LLM Candidate en King’s College London (2026/27). ↑
- Ruiz, G. (2000). Definición de mercado relevante y políticas de competencia. THEMIS Revista De Derecho, (41), 297. Recuperado a partir de https://revistas.pucp.edu.pe/index.php/themis/article/view/11673 ↑
- Figari, H., Gómez, H., & Zúñiga, M. (2005). Hacia una metodología para la definición del mercado relevante y la determinación de la existencia de posición de dominio. Revista de la Competencia y la Propiedad Intelectual, (1), 159-160. Recuperado a partir de https://revistas.indecopi.gob.pe/index.php/rcpi/article/view/144 ↑
- De acuerdo a sus iniciales, “Small, but Significant and Nontransitory Increase in Price” o, en español, “Pequeño, pero Significativo y No transitorio Incremento en el Precio”. ↑
- Sanchez‐Cartas, J. M., & León, G. (2021). MULTISIDED PLATFORMS AND MARKETS: A SURVEY OF THE THEORETICAL LITERATURE. Journal Of Economic Surveys, 35(2), 6-9. https://doi.org/10.1111/joes.12409 ↑
- Mândrescu, D. (2018). The SSNIP Test and Zero-Pricing Strategies: Considerations for Online Platforms. Leiden Repository (Leiden University). http://hdl.handle.net/1887/69424 ↑
- European Commission: Directorate-General for Competition, Competition policy for the digital era, Publications Office, 2019, 2. https://data.europa.eu/doi/10.2763/407537 ↑
- European Commission: Directorate-General for Competition, Competition policy for the digital era, Publications Office, 2019, 4. https://data.europa.eu/doi/10.2763/407537 ↑
- Oluwasogo, S. (2026). From SSNIP to SSNDQ: Adapting Competition Analysis Tools for Zero-Price Digital Markets. Developing Economies: Lessons from Nigeria’s FCCPC, 6. Recuperado a partir de http://dx.doi.org/10.2139/ssrn.6447343 ↑
