La crisis del Covid-19 y su reloj despertador a un rediseño de las AFP

La crisis del Covid-19 y su reloj despertador a un rediseño de las AFP

Colin Fernández Méndez

Socio del Estudio Fernandez Méndez Abogados. Abogado por la Universidad Privada Antenor Orrego, con estudios de Maestría en Derecho Civil Empresarial, Trujillo-Perú, con especialidad en Derecho Administrativo por el Instituto de Capacitación Jurídica, y Especialización Avanzada en “Derecho del Trabajo”, por el Centro de Educación Continua de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) y con estudios de especialización en Derecho Farmacéutico y Propiedad Intelectual por la Universidad Peruana Cayetano Heredia (UPCH), con Pasantías en el INDECOPI en “Propiedad Intelectual, Derecho de la competencia y Derecho Farmacéutico” y, en la Universidad de San Andrés (UDESA) de Buenos Aires, Argentina, dictado por la Maestría en Propiedad Intelectual e Innovación, en “Propiedad Intelectual y Life Science”.  Actualmente Miembro del Consejo Consultivo de la Sociedad de Derecho de la Propiedad Intelectual y de la Competencia.  Conciliador Extrajudicial del Centro de Conciliación Extrajudicial “Avendaño”.


 

Hace unos días, mantuve una conversación telefónica con una mujer que se encontraba muy angustiada. Ella me contó que había sido aportante de una de las únicas 4 –exíguas- AFP existentes en el país. Dicha mujer me relató haber acudido al banco para retirar el dinero, hasta S/ 2000 soles, que el Decreto de Urgencia N° 034-2020 le permitía retirar.  Para su total asombro, tan solo encontró la miserable cantidad de S/ 50. Ello le sorprendió, ya que, por dos años consecutivos, se le descontaba de su remuneración mensual de S/ 1200 cierto monto por motivo de la AFP. Cuando ella exigió una explicación, le dijeron que aquello había sido producto de la caída de la bolsa como consecuencia de la crisis epidemiológica propiciada por el COVID-19. El resultado de ello terminó mermando el dinero que ella había aportado, el cual ascendía, aproximadamente, a más de S/ 3500.  Aquella situación fue la que me ha llevado a escribir el presente artículo a fin de desmontar algunos mitos, y conceptos antagónicos para así enfocar nuestra atención hacia una situación que hoy nos apremia. De esta forma, es momento de ser sacudidos por una especie de reloj despertador para así despertarnos, y darnos cuenta de la necesidad de rediseñar el sistema privado de pensiones (SPP), en la cual se debe incluir al SNP-ONP.

LAS CRISIS PROPICIAN UN REDISEÑO DE HERRAMIENTAS

El filósofo estadounidense Kuhn (1970, p. 127) dijo lo siguiente: “El volver a diseñar herramientas es una extravagancia reservada para las ocasiones en las que sea absolutamente necesario hacerlo. El significado de las crisis es la indicación que proporcionan de que ha llegado la ocasión para rediseñar las herramientas”, y es que ante una coyuntura amenazante, llena de inestabilidad de efectos colaterales, se debe dar apertura al comienzo de una urgente y oportuna etapa de reflexión. Debido a este panorama un tanto sombrío, se nos demanda rodar el timón de nuestra embarcación hacia una ruta que nos lleve hacia aguas albuminosas, lejos de las actuales fuentes difusas por donde estamos navegando para así continuar, provisionalmente, más seguros durante nuestro viaje.

La últimas siete crisis financieras que se han desencadenado en estos últimos veinte años- la crisis mexicana, asiática, rusa, brasileña, argentina, hipotecaria sub-prime y europea (originada en Grecia)- no pudieron desmontar la trama enmarañada que revistió desde un inicio la estructura de gestión sobre la administración de los montos de los aportantes de las AFP.  Irónicamente, tuvo que acontecer una crisis de naturaleza epidemiológica para que caiga el naipe de la base y se derrumbe todo ese castillo. Esto aunado a la crisis e informalidad del empleo- hoy más agudizado debido a la parada económica sufrida en nuestro país debido al estado de emergencia prolongado- están ubicando al país en una situación de zozobra angustiante y generalizada.

La cifras no pueden mentir. Conforme a los datos de la Oficina de Normalización Previsional(ONP) del Ministerio de Economía y Finanzas y del instituto Nacional de Estadística e Informática(INEI), tenemos un total de 32 millones 131 mil 400 de habitantes.  La Población Económicamente Activa (PEA) consta, aproximadamente, de 17,5 millones de habitantes, dentro de los cuales están incluidos alrededor de 700 mil beneficiarios del programa Pensión 65, quienes reciben una subvención bimestral de S/ 250. El presupuesto se ha incrementado significativamente pasando de S/. 13 millones en el 2011 a  casi S/. 1000 millones en el 2020. Asimismo, están afiliados a algún sistema de pensiones apenas 8 millones.  De estas personas afiliadas, 2 millones corresponden al SNP y alrededor de 6 millones al SPP.  Pero lo más grave es que de los 8 millones solo cumplen con aportar apenas 4,3 millones de personas. Es decir, alrededor del  25% de la PEA. Por otro lado, dentro de la población Adulto Mayor (PAM), correspondiente a los que tienen más de los 60 años, los más cercanos a jubilarse el presente son alrededor de 4,08 millones de personas. Es decir, un aproximado de un 12.7% de la población total.

De esos 4,08 millones de personas, solo están percibiendo una pensión en este momento un promedio de 1,1 millón, casi la tercera parte de la PAM.  Pero según las proyecciones del MEF, de la Superintendencia de Banca, Seguros y AFP (SBS), de la ONP y de la Caja Previsional Militar-Policial (CPMP), para el año 2025 habrá un crecimiento del 40% de la PAM, razón por la que estaremos hablando de 5,5 millones de personas en esta condición; mientras la población de pensionistas solo subirá 13,18%, lo que significa 1,5 millones.  En otras palabras, nos seguiremos manteniendo en apenas la tercera parte de cobertura pensionaria al adulto mayor, pero, en números globales, la cantidad de personas desamparadas en edad de jubilación y sin un centavo de pensión habrá subido a tres millones. (Delgado y Fuertes, 2010, p. 21,22).

Esta situación agrava la crisis y propicia una urgente reforma de nuestros sistemas previsionales a fin de atraer a más personas que hoy no se cuentan con ningún sistema de fondos que les garantice una jubilación justa y equitativa, y nos muestra la cruda realidad que sufren los adultos mayores afiliados tanto al sistema privado como al nacional, cuya administración y distribución resulta muchas veces incongruente y no razonable con la expectativa de aportes brindados a través de los años, sea a su Cuenta Individual de Capitalización, como en a su Fondo solidario.

EL COVID-19 Y EL RELOJ DESPERTADOR

Los coronavirus (CoV) son una amplia familia de virus que pueden causar diversas afecciones, desde el resfriado común hasta enfermedades más graves, como ocurre con el coronavirus causante del síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS-CoV) y el que ocasiona el síndrome respiratorio agudo severo (SRAS-CoV). Un nuevo coronavirus es una nueva cepa de coronavirus que no se había encontrado antes en el ser humano. Los coronavirus se pueden contagiar de los animales a las personas (transmisión zoonótica). De acuerdo con estudios exhaustivos al respecto, sabemos que el SRAS-CoV se transmitió de la civeta al ser humano y que se ha producido transmisión del MERS-CoV del dromedario al ser humano. Además, se sabe que hay otros coronavirus circulando entre animales, los cuales todavía no han infectado al ser humano. (OMS, 2020, Parrafo 2)

Han pasado casi 4 meses desde que China notificó un conglomerado de casos de neumonía en Wuhan, provincia de Hubei (OMS, 2020, Parrafo 2). Posteriormente, se determinó que dichos casos habían sido propiciados por un nuevo tipo de coronavirus (COVID-19), el cual, hasta el momento, ha causado la muerte de 170 mil personas a nivel mundial según cifras oficiales. Fuentes extra oficiales como las proclamadas por reportes del Washington Post y The New York Times, examinados por la página de Fact – Checks, snopes.com, relatan la caída de 21 millones de suscriptores de teléfonos celulares y de 840,000 usuarios de teléfonos fijos en China a principios de 2020, precisamente cuando  la pandemia comenzaba a arreciar con todo su furor. Dichas fuentes relatan lo siguiente: “Las autoridades dicen que la epidemia está bajo control, los funcionarios están presionando a los familiares para que entierren a los muertos de manera rápida y silenciosa, suprimiendo la discusión en línea sobre las muertes a medida que surgen dudas sobre el verdadero tamaño del número real de acaecidos por la pandemia” (Qin y Li, 2020, Parrafo 4).  En base a lo anterior, tenemos fundamentos para creer que la verdadera cantidad de fallecidos a causa del COVID-19, no solo en China sino en todo el planeta, podría ser astronómica e incluso comparase a una «tragedia de proporciones bíblicas», tal como lo manifestó Mario Draghi, ex-presidente del Banco Central Europeo.

Se dice que el COVID-19 es un virus más grande y pesado que los virus del papiloma humano, sarampión y hepatitis. Por lo cual, tiene una capacidad de contagio muy superior a todos los demás coronavirus.  Una sola persona infectada puede contagiar de dos a tres personas a una velocidad impresionante. Por ello, de no tomarse las medidas epidemiológicas preventivas- como mantener una distancia de 1,50 metros entre persona y persona- en dos días se pueden duplicar los casos y llegar a cifras de transmisión muy elevadas. En Corea del Sur, se rompieron muchos esquemas con el caso de una paciente conocida como «la número 31». Debido a la falta de cuidado de dicha mujer, el número de contagiados en Corea pasó de 30 a 1200 personas. Esta pandemia es tan peligrosa que solo tardó 67 días en llegar a los 100 mil contagios, y en 11 días más, ya había 200 mil, para solo 4 días después alcanzar la espantosa cifra de 300 mil. Al momento que se concluye este documento, hemos pasado, según datos oficiales, a los 2 millones y medio de contagiados en todo el mundo.

Esto nos lleva a un análisis un poco más profundo, el cual nos puede aproximar a descubrir quiénes son los más propensos a contagiarse por tener enfermedades preexistentes, desencadenando sus no deseados fallecimientos. En este sentido, se debe tomar en consideración lo dicho por las autoridades sanitarias: “Hay que tener muchísimo cuidado con nuestros mayores porque es la población más vulnerable al coronavirus. En gran parte, las drásticas medidas que se están aplicando y que se resumen en el confinamiento generalizado de la población se explican por la necesidad de evitar el contagio entre los mayores de 70 años. Primero, porque su salud y su vida corren serio peligro; segundo, porque al atacarles con más virulencia precisan de hospitalización y cuidados especializados que empiezan a escasear”. (López, 2020, Párrafo 1).

En Italia- que es, después de Japón, el país con más adultos mayores en el mundo- la tasa de mortalidad de los adultos mayores ha llegado a más del 60 % a inicios del mes de marzo (Fuente: La Vanguardia).  Una situación para nada aislada, dado que aquí en nuestro país, según la sala situacional del Ministerio de Salud, de los 445 fallecidos hasta el momento, 301 son personas mayores de 60 años, pese a que el índice de letalidad del virus es bajo, representando el 67,6% del total de decesos (Diario La República, 2020, Parrafo 1).  Un dato que nos sacude y que, después de mucho tiempo en la historia, hace que volvamos a centrar nuestra atención en nuestros ancianos, los menos acordados y atractivos para los gobernantes de turno. En este sentido, Philippe Vanhuynegem, director de la Organización Internacional del Trabajo(OIT) para los Países Andinos, dijo lo siguiente: “En tiempos de paz y de crecimiento económico, los adultos mayores sin cobertura son invisibles, de manera que esta crisis generada por el coronavirus (COVID-19) obliga a todos a mirarlos de frente” (Diario Gestión. 2020. Parrafo 7). Es en este sentido que podemos hablar de un Reloj Despertador, el cual, después de un sueño profundo, nos hace abrir los ojos y decir: «Ya es hora».

EL REDISEÑO URGENTE

La oportunidad que en tiempos de coronavirus estamos teniendo es la de poner en agenda una importante discusión sobre la inversión que estas Administradoras de Fondos de Pensiones realizan con el dinero de los trabajadores, con el descubierto resultado de tener millones de soles perdidos durante los últimos años, sin ofrecer por parte de estas administradores ninguna justa explicación a los dueños de sus aportes, y esto debido a que gracias a esta crisis lo peruanos estamos despertando, al acudir a una de las soluciones económicas planteadas por el gobierno: el retiro de una parte de los fondos de las AFP.

Hace ya más de 20 años, especialistas en asuntos de seguridad social del Banco Mundial (Avering the Old Age Crisis, 1994) y de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económica, OCDE (Maintaining Prosperity in an Ageing Society, 1998) han afirmado que los sistemas de pensiones en todo el mundo vienen enfrentando serios problemas como consecuencia del desempeño deficiente de sus sistemas públicos de seguridad social y esto debido a las irregularidades en la gestión pública de administración de pensiones, suscitadas por el Sistema Nacional de Pensiones, creado por Decreto Ley N° 19990, el año 1973, y que unificó diferentes regímenes existentes anteriormente, pero licuando los fondos de los jubilados de finales del siglo XX, haciendo que estas nuevas entidades privadas se encaramen por sí mismos, como la alternativa salvadora para reivindicar al desprotegido y discriminado pensionista.

Sin embargo, lo que algunos no saben es que este modelo, importado de Chile, ciertamente hoy con pobres resultados en su lugar de origen, desplegó una masiva campaña de difusión, en la cual se buscaba exhibir las ventajas de un modelo que imprimía un nuevo sistema de administración de los fondos pensionarios, los cuales pronto terminarían coberturando a los nuevos jubilados. Los cuales, al ver los problemas que tuvieron que sufrir los pensionistas de la anterior generación afiliados al SNP, quisieron obtener una suerte diferente, y más cuando, sin tomar conocimiento que este sistema también presentaría inconvenientes, incrementaron sus expectativa hasta el punto de enriquecer a un grupo empresarial, oligárquico y arbitrario conformado por un grupo cerrado de 4 AFP (Habitat, Integra, Prima y Profuturo).

El dinero que administran las AFP es nuestro y, cada año, el monto que estas oligopólicas cuatro AFP recaudan se torna cada vez mayor.  Solo en febrero de este año llegó a alcanzar más de 51 mil millones de dólares, que en moneda nacional vendría a ser 179 mil millones de soles. Mucho dinero para tan pocas empresas administradoras y esto debido a la falta de una competencia auténtica como manda la economía social de mercado, la cual es contraria a las prácticas monopólicas. Dicha situación da pie a que este grupo empresarial acuerde a puro capricho sus inversiones y la rentabilidad de los montos recaudados por cada afiliado, tal como lo acaba de afirmar hace poco Fernando Klugger, un especialista en temas de pensiones: “Las AFP han invertido casi la mitad del dinero de sus afiliados en el extranjero, lo cual la hace vulnerable a los vaivenes de la economía mundial, como ya ocurrió en los años 2008 y 2018, pero sin el factor de que numerosos países paraban sus actividades comerciales como ocurre ahora… y les advertimos de esto, para que coloquen los fondos en inversiones nacionales, como construcciones de vías, o bancos, pero no hicieron caso. Prefieren colocar los miles de millones en sectores de su argolla”. (Rojas, 2020, Parrafo 5,6)

Según el Coeficiente de concentración de cuatro empresas (CC4E), si se utilizan las ventas de un determinado sector empresarial se puede determinar el grado de concentración en un rango de casi 0 hasta el 100 por ciento, en donde 0% determina la existencia de una competencia perfecta y el 100% se expresa como monopolio. Para el cálculo de este Coeficiente de concentración se utiliza una muestra de cuatro empresas, las de mayor participación en el mercado según los niveles de ingresos de cada empresa. En esa línea de análisis, un índice de concentración de las cuatro empresas con el mayor nivel de ventas que supere el 60% será calificado como un mercado de elevada concentración. En el otro extremo, un coeficiente menor al 40% expresará un mercado relativamente competitivo. (Flórez, 2014, p. 24)

Es decir que tanto si comparamos con cualquiera de los estándares resultantes, se llega a la conclusión que cuando un sector está circunscrito a solo cuatro empresas, como sucede con el mercado nacional de las AFP, estaríamos claramente ante un tipo de oligopolio concentrado, los cuales son conformados por empresas que colaboran entre ellas mismas para lograr mantenerse y evitar de esta manera la competencia. Lo anterior genera que las empresas ya no destinen su competitividad en beneficio del consumidor, sino de sí mismas, y propicia que sucedan hechos que impidan que estas sean transparentes sobre las inversiones que realizan con dinero ajeno, inclinándose a beneficiar a su argolla o su círculo de intereses subalternos. Por ejemplo, “en el 2009 la AFP Profuturo, incrementó la comisión variable que cobraba de 1,98 a 2,3%, sin explicación alguna a sus afiliados” (Burneo, 2010, p. 102). Ello implicaba que los afiliados a esta AFP verían recortados sus salarios reales simplemente como resultado de una decisión unilateral.  Aquello es propio de este tipo de mercados concentrados; en los cuales, el mismo grupo empresarial prioriza sus particulares intereses entre sí, sin conseguir ninguna sanción ejemplar que pueda ser tomada como referente jurídico y reduzca la brecha de la denominada Asimetría de la Información y reivindique el miserable porcentaje de rentabilidad que recibe el afiliado en comparación con las suculentas utilidades percibidas por las AFP, las cuales se encuentran repartidas entre sus directorios.

CONCLUSIONES

Las AFP están envueltas en una cobertura, propia de todo oligopolio, que las blinda de dar explicaciones a sus afiliados sobre las unilaterales decisiones que toman en referencia a sus aportes. La falta de competitividad en el mercado de las AFP no asegura la participación activa de los afiliados en la fiscalización de los fondos de pensiones.  Abramos las puertas a un mercado que mejore las ofertas no solo del SPP, sino también de la SNP-ONP.

Para finalizar, planteamos la siguiente pregunta: ¿Por qué no tenemos el mismo control e influencia que aquellos que son meramente nuestros administradores?


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