Gonzalo Gamio Gehri[1]
Doctor en Filosofía por la Universidad Pontificia de Comillas (Madrid, España). Actualmente es profesor en la en la Pontificia Universidad Católica del Perú y en la Universidad Antonio Ruiz de Montoya. Es autor de los libros La crisis perpetua. Reflexiones sobre el Bicentenario y la baja política (2022), La construcción de la ciudadanía. Ensayos sobre filosofía política (2021), El experimento democrático. Reflexiones sobre teoría política y ética cívica (2021), Tiempo de Memoria. Reflexiones sobre Derechos Humanos y Justicia transicional (2009) y Racionalidad y conflicto ético. Ensayos sobre filosofía práctica (2007). Es coautor de Perú. Agonía y resistencia (2025). Es coeditor de El cultivo del discernimiento (2010) y de Ética, agencia y desarrollo humano (2017). Es autor de diversos ensayos sobre ética, filosofía práctica, así como temas de justicia y ciudadanía intercultural publicados en volúmenes colectivos y revistas especializadas
Otra vez la voluntad un grupo importante de peruanos nos coloca en un dilema trágico: en unas semanas tendremos que elegir entre dos males. Como en las tragedias de la antigua Atenas, los ciudadanos deberemos deliberar en torno a las motivaciones y las potenciales consecuencias de nuestra elección. Una vez más, la escena política nacional coquetea con el abismo. En efecto, un sector de la opinión pública considera que las opciones disponibles -en breve veremos si será de Roberto Sánchez o Rafael López Aliaga quien compita con la candidata fujimorista en una segunda vuelta- constituyen extremos políticos que han provocado un severo daño al país. Nuevamente el centro ha sido pulverizado en favor del radicalismo ideológico. Aunque hasta el día de hoy la candidatura moderada de Jorge Nieto todavía se presenta como una alternativa para el balotaje, es altamente probable que esta posibilidad vaya perdiendo fuerza a medida que pasen las horas. Es una auténtica lástima, puesto que Jorge Nieto había consolidado una propuesta política interesante y bien cimentada, basada en la necesidad de recuperar la arquitectura institucional de la democracia liberal en el Perú.
Siempre he pensado que los espíritus más juiciosos se sitúan en el centro, tanto desde la izquierda como desde la derecha. Necesitamos tanto una derecha liberal como una izquierda socialdemócrata que puedan dialogar entre sí para edificar un cierto consenso básico en torno a los elementos esenciales de un mínimo común ético-político. Los principios y valores públicos que estructuran una democracia liberal, la universalidad de los derechos humanos y la vigencia de una economía social de mercado constituyen las columnas fundamentales de aquel mínimum. Se trataría así de sentar las bases un horizonte muy claro para el ejercicio de las libertades sustanciales y la observancia de las exigencias de la justicia.
Pero nada de eso ha ocurrido. Los electores han preferido favorecer a las fuerzas más radicales del país. Se trata fuerzas conservadoras situadas a ambos lados del espectro ideológico. En primer lugar, está la organización política fujimorista, que lleva tras de sí una oscura estela, marcada por una trayectoria de autoritarismo, violaciones de derechos y corrupción, procedente del régimen de Alberto Fujimori durante los años noventa. Los crímenes cometidos en el gobierno de Fujimori han sido materia de sentencia firme. El fujimorismo en su versión actual es, asimismo, uno de los principales responsables de la aguda crisis que afronta nuestro país desde 2016. El relato de fraude electoral y la vacancia de presidentes se han convertido en moneda corriente en los últimos años. La bancada de Fuerza Popular es uno de los actores centrales dentro del pacto parlamentario que hoy controla los destinos del Perú, una coalición que ha producido leyes cuestionables que ponen límites a la persecución del crimen organizado y que ha influido decisivamente en la composición de instituciones autónomas en el Estado, como el Tribunal Constitucional, la Defensoría del Pueblo o la Junta Nacional de Justicia. Las intervenciones del fujimorismo en los debates parlamentarios, así como sus votos en el pleno del Congreso corroboran esta aseveración.
De otro lado, tenemos a Renovación Popular, que representa hoy a la extrema derecha religiosa. El lema Dios, patria y familia -que han enarbolado sus miembros en múltiples ocasiones- evoca en el lector informado los tiempos dolorosos de la Europa de los años treinta del siglo XX. El discurso de su candidato promueve abiertamente el antagonismo político e incurre a menudo en el ejercicio de la violencia verbal en la arena pública. Ostenta una controvertida gestión municipal. Esta organización recurre al cristianismo nacionalista como un estandarte político, sin tomar en cuenta la frontera -fundamental para las democracias liberales- entre el territorio específico de lo político y el campo religioso.
Finalmente, está Juntos por el Perú, un grupo político de extrema izquierda que invoca un proyecto descrito como “castillista”. No resulta evidente que la pretendida mímesis con las propuestas del gobierno de Castillo sea inequívocamente un activo político. No será fácil para el ciudadano olvidar la conmovedora impericia en el ejercicio de la gestión pública, la disparatada designación de autoridades, la erosión de todo resquicio de meritocracia en la función pública, así como los escándalos de corrupción, por no mencionar el tragicómico conato de autogolpe como el último episodio de aquella fatídica administración. La improvisación, la ausencia de un programa claro, así como las numerosas irregularidades en el ejercicio del poder constituyeron el sello particular de la cuestionada presidencia de Pedro Castillo. El candidato Sánchez no ha tomado alguna clase de distancia crítica frente a aquel fracaso político.
¿Cómo hemos de posicionarnos los ciudadanos ante esta compleja situación? Primero, tenemos que comprender la naturaleza de este conflicto trágico para lograr entender rigurosamente nuestro rol como agentes políticos en este escenario doloroso. Las tres opciones antes citadas exhiben notorios rasgos autoritarios; tampoco están claras sus conexiones con la vigencia de los derechos humanos y con la economía social de mercado. Dos de ellas se comprometieron directamente con la redacción y con la aprobación de leyes en favor de la impunidad de perpetradores de crímenes contra la vida; dos de ellas son mercantilistas en el terreno económico. La tercera opción política es abiertamente contraria a los principios de la economía libre. Incluso desde esta tercera opción se ha deslizado la posibilidad de imponer cambios sobre la dirección del Banco Central de Reserva. Es preciso examinar a conciencia los programas de acción de estas tres organizaciones y debatirlos en públicos. Luego de este atento y detenido escrutinio, es posible que tengamos que sumergirnos en un paciente proceso de discernimiento, para poder elegir con lucidez y coraje cívico.
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Gonzalo Gamio Gehri es Doctor en Filosofía por la Universidad Pontificia de Comillas (Madrid, España). Actualmente es profesor en la en la Pontificia Universidad Católica del Perú y en la Universidad Antonio Ruiz de Montoya. Es autor de los libros La crisis perpetua. Reflexiones sobre el Bicentenario y la baja política (2022), La construcción de la ciudadanía. Ensayos sobre filosofía política (2021), El experimento democrático. Reflexiones sobre teoría política y ética cívica (2021), Tiempo de Memoria. Reflexiones sobre Derechos Humanos y Justicia transicional (2009) y Racionalidad y conflicto ético. Ensayos sobre filosofía práctica (2007). Es coautor de Perú. Agonía y resistencia (2025). Es coeditor de El cultivo del discernimiento (2010) y de Ética, agencia y desarrollo humano (2017). Es autor de diversos ensayos sobre ética, filosofía práctica, así como temas de justicia y ciudadanía intercultural publicados en volúmenes colectivos y revistas especializadas. ↑
