Una verdad incómoda: El alarmante caso de transfobia en la PUCP

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Barbara Beatriz Yulissa Ramos Arce

Estudiante de Derecho de la Pontificia Universidad Católica del Perú y Ex-Asociada de la Asociación Civil Derecho y Sociedad

“Hope will never be silent.”

Harvey Milk

No es fácil hablar sobre los hechos ocurridos durante esta semana. Hacerlo es, independientemente de quién se encuentre al otro lado de la pantalla, colocar sobre la mesa una serie de emociones, de expectativas y de preguntas con pocas respuestas. El 22 de enero de 2017 la Federación de Estudiantes de la Pontificia Universidad Católica del Perú publicó en su página oficial de Facebook un total de diecisiete fotografías de sus integrantes entre los cuales se encontraba la Coordinadora de Género, Mili Palacios Romero, estudiante trans de género no binario. En tan solo unas horas la imagen fue comentada por cientos de personas que manifestaron su sorpresa, admiración y buenos deseos para los proyectos del año, pero no tuvo que pasar mucho para que esta fotografía, en donde Mili Palacios Romero aparece usando un vestido, encendiera una alarma respecto a lo que está pasando en la comunidad universitaria.

No es fácil hablar sobre la innumerable cantidad de comentarios denigrantes, ofensivos, vejatorios y groseros que tuvieron como finalidad el ridiculizar y hacer mofa de la imagen de un miembro de la colectividad estudiantil que, como cualquier otro, optó por utilizar una prenda que vaya acorde con su identidad. En el nombre del humor y de la libertad, el caso de Mili fue presentado por algunos estudiantes de su misma casa de estudios como una señal de retraso institucional, vergüenza y hasta enfermedad, llegando incluso a comentarse en otros espacios[1] que su persona había sido instrumentalizada por la FEPUC y hasta por el lobby gay, una entidad tan imaginaria como absurda y que se ha vuelto el estandarte de los opositores a la inclusión del enfoque de igualdad de género en el Currículo Nacional. Pero esa es otra historia.

Hay una verdad incómoda que hoy es más pública que nunca y es que la comunidad universitaria de la Pontificia Universidad Católica del Perú, como cualquier otro grupo extenso y diverso, no es indiferente hacia la homofobia, transfobia y otro tipo de conductas discriminatorias, y no necesariamente en el mejor de los sentidos. No tuvo que pasar mucho tiempo para que más de cien docentes de distintas facultades manifestaran públicamente su rechazo hacia los comentarios ofensivos que inundaban las redes y apoyaran a Mili Palacios Romero y a la comunidad LGTBQI en la lucha por un espacio libre de violencia. No obstante, ni siquiera este pronunciamiento estuvo exento de duras críticas que consideraban este hecho como una reducción del nivel de la PUCP como institución educativa.

No hay tal cosa como un lecho de rosas, ni siquiera en la mejor universidad del Perú. El caso de Mili Palacios Romero ha evidenciado un problema vigente y tangible: la discriminación es un fenómeno activo y bien arraigado en la comunidad estudiantil. Las conductas discriminatorias han mutado a lo largo del tiempo, volviéndose cada vez más silenciosas hasta dar la falsa impresión de no existir. Es alarmante que hoy por hoy la discriminación procure encontrar un espacio que la legitime, ya sea instrumentalizando erróneamente el derecho a la libertad de expresión o justificándose en el humor. Aunque los límites de ambos conceptos despierten polémica, es claro que, bajo el reglamento disciplinario de la PUCP, los ataques contra Mili Palacios Romero están tipificados como faltas y podrían llegar a tener graves consecuencias para los alumnos que participaron de los mismos. Este es un tema que queda en manos de las autoridades.

        “¿Y si no me gustan los transgénero significa que soy automáticamente un transfóbico, un discriminador?” es una pregunta que se ha vuelto muy popular en los últimos meses y cuya formulación busca una sola respuesta: evidenciar una (inexistente) dictadura del mal llamado “discurso liberal”. El caso de Mili Palacios Romero y de muchas otras personas se han instrumentalizado por los mal llamados “políticamente incorrectos” para posicionarse como las principales víctimas de intolerancia. Al final y como todo discurso, esta absurda defensa se reduce a un juego de palabras que ignora una pregunta mucho más básica y mucho más importante ¿Se puede estar en contra de una identidad? ¿Puedo oponerme rotundamente al libre ejercicio de un derecho que no encaja en ninguna ilegalidad ni causal de sanción?

Cuando el tablero gira para transformar a los discriminadores en mártires de la libre expresión todos caemos dentro de otro mecanismo de la llamada discriminación sistémica e invisibilización de las minorías, que no son nada más que una forma de violencia. La atención es redirigida hacia el autor de la conducta discriminatoria, quien ahora es un representante de las opiniones impopulares, minimizando la importancia de aquellos grupos de personas que experimentan “condiciones de vida manifiestamente inferiores al resto de la sociedad, sufre exclusión, violencia y marginación de manera permanente”[2]. Los hechos de esta semana han dejado en evidencia que la victimización del victimario es, quizá, uno de los peores mecanismos mediante el cual se intenta justificar una agresión. Pareciera que, a diferencia de cualquier otro alumno, Mili Palacios Romero no tuviese el mismo derecho de vestir en público y para una foto oficial, prendas que fuesen acorde con su identidad, de la misma manera que sus otros dieciséis compañeros.

Entonces ¿Nos encontramos frente a un caso de transfobia? Esta es definida como aquellos “comportamientos de intolerancia y desprecio hacia personas que sienten que su identidad de género no se corresponde con el sexo que manifiesta su cuerpo, y [que] salen de las convenciones de lo masculino o femenino, y [que pueden] modificar o feminizar su cuerpo mediante tratamientos hormonales y cirugías”[3]. No hay que ser un gran analítico para notar que muchos de los comentarios dirigidos hacia Mili Palacios Romero no tenían otro fin que reducir su persona y maltratar a la comunidad trans colocándola como una minoría obscena cuya existencia contradice las bases de la Pontificia Universidad Católica del Perú como institución, cuando en realidad estas se encuentran en la formación integral de sus estudiantes, quienes como profesionales deben de analizar objetiva y respetuosamente la diversidad. Al parecer, el discurso se ha perdido en el tiempo.

Es evidente que la comunidad universitaria necesita de un espacio de diálogo y debate objetivo en donde se partan de argumentos reales y no de premisas tan burlescas como el dudar del carácter científico de la sociología, la ciencia política y la antropología, como si el fenómeno social no tuviese la misma importancia y su análisis la misma rigurosidad científica que el estudio del cuerpo y las leyes de la física. Efectivamente, queda mucho que hacer y sin embargo es notorio que desde el caso de Mili Palacios Romero y de la gran publicidad de la Reforma Trans PUCP, la comunidad universitaria se ha polarizado, cosa que incluye tanto a estudiantes como profesores y asociaciones dentro del campus. No hay ninguna justificación para reducir los derechos de una persona por el solo hecho de representar una minoría que contradiga los estándares a los cuales la sociedad está acostumbrada. Lejos están los tiempos en donde la diversidad debía vivir bajo el yugo de la vergüenza y de un recato que no se le exigía de igual manera a aquellos que formaban parte de la mayoría. A todos, al final, se nos medirá con la misma vara.

[1] “No A La Ideología De Odio”, página que apareció posteriormente a la campaña del mismo nombre, iniciada por colectivos LGTBQ y que buscaba hacerle frente al movimiento en contra de la inclusión del enfoque de igualdad de género del Currículo Nacional.

[2] ARDITO VEGA, Wilfredo. “Patrones de la discriminación en el Perú” EN: Conferencias Descentralizadas ALFA. Grupos en situación de vulnerabilidad: Género y Discapacidad. Instituto de Democracia y Derechos Humanos de la Pontificia Universidad Católica del Perú. 2015. p. 5-16

[3] ULISES BORGOGNO, Ignacio Gabriel. La transfobia en américa latina y el caribe. Red Lactrans. p. 11 <http://redlactrans.org.ar/site/wp-content/uploads/2013/05/La-Transfobia-en-America-Latina-y-el-Caribe.pdf>

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