Tratar de ser un Maestro

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Eduardo Herrera Velarde

Consultor e investigador en compliance penal y análisis de riesgos penales. Asesor en manejo de crisis y estrategias legales. Director de Escudo Azul S.A.

Es ya conocida la diferencia, no sutil, entre lo que es ser un profesor y lo que implica ser un Maestro. En la carrera de Derecho, desde la Universidad, al menos desde mi experiencia la diferencia fue cuantitativa. A mis Maestros (dentro de los que incluyo a los de prácticas), los cuento con los dedos de la mano; a los profesores – e incluso algunos que ni ese título se ganan – no alcanza mi memoria.

¿Cuál es la diferencia? El profesor imparte conocimientos y punto. El Maestro lega aprendizaje, comparte experiencias, te enseña – además – de la vida y  te marca para toda tu existencia.

En el caso de los abogados la distancia es mucho más grande. El libro es frío, además lo puede leer cualquiera. Ya casi está todo dicho – salvando, por cierto, las genialidades que están reservadas para algunos pocos -. A los aprendices de abogados, al menos a mí, me interesaba saber mucho qué pasaba en la realidad, cómo era pararse ante un Tribunal y sustentar un caso, cómo funciona el sistema (o, mejor dicho cómo debería de funcionar), etcétera. Todo eso lo aprendí en buena parte de mis Maestros.

En la Universidad, como soslayé, encontré de todo. Profesores que, directa o indirectamente, “arreglaban” notas hasta aquellos que fríamente se limitaban a recitar un verso seguramente escrito por otro más hábil. Los recursos para no dormir siempre estuvieron a la mano.

Pero a los Maestros provocaba grabarlos, imitarlos, seguirlos. Las horas de clases pasaban y eran solo minutos. Una experiencia, más que la rentada absorción de conocimientos.

“Tiene o no tiene madera” eso es lo que pide un Maestro para ayudar hacer un buen abogado; sin embargo, al final uno se hace así mismo (es arquitecto de su propio destino). Contra digo y agrego, de toda madera se puede hacer algo. Claro, siempre hay alguna que es mejor que otra, pero no hay caso perdido y cada quien tiene su habilidad. El Derecho es una carrera de aguante, no son 100 metros planos. Por eso hay que saber esperar, mirar, y sobre todo pensar. Nunca renuncies a pensar porque serás entonces menos abogado.

En ese relato debo de contar que también me tocó ser profesor en la Universidad. Sin la pretensión de ser Maestro, traté de hacer mi mejor esfuerzo como todo en mi vida. Serán a las personas a las que intenté transmitir algo, las que me calificarán si en realidad fui una estadística más o alguien que verdaderamente les dejó algo. Mi conciencia me dice que hice lo mejor que pude.

Hoy, algo alejado de lo que me enseñaron mis Maestros, veo en perspectiva mis errores y aciertos en esa época. Lo que dejé de estudiar, el tiempo que perdí y lo que aprendí también. No obstante, aún tengo el insumo que ellos me ayudaron a desarrollar y que es lo más valioso que puedo tener en sí mismo: pensar.


Fuente de la imagen: http://hls.harvard.edu/content/uploads/2015/04/10_10_13_Campus_Shots_BKraft021.jpg

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