“El rincón de los muertos”

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Volver…

Han pasado varios meses desde que dejé la ciudad de Ayacucho. La primera vez que pisé ese lugar, parecía haber soñado con aquel momento.

Hace años, se me presentó en clases de Derecho, el Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación. Desde un primer momento, debo admitir, tenía afinidad por estos temas. Así que viajar a Ayacucho siempre fue una meta a corto plazo.

Una va escuchando muchas historias acerca de Ayacucho antes de llegar. Palabras muy peyorativas e injustas con un pueblo que es cálido y amable. Ayacucho sigue estigmatizado por ese periodo de violencia que sufrió. “La cuna de Sendero Luminoso” sigue siendo una ciudad que trae consigo ese fantasma del pasado.

Estar en Ayacucho…

Es trasladarte a un punto de la historia donde hubo – y hay- mucho dolor. Es imposible estar en la ciudad y no encontrarte con alguien que vivió de manera directa o indirecta la violencia de aquellos años. Convivir con aquellas personas me llevó a pensar constantemente en esa parte de la historia de mi país que en el día a día pasaba por alto.

Llegué a la Asociación Paz y Esperanza (que llevó el caso de Putis para que los responsables sean juzgados, el proceso sigue en curso), quien me abrió sus puertas y sus corazones. Trabajar junto a ellas y ellos, me permitió ver de cerca lo que había vivido Ayacucho durante las últimas décadas.

Durante las semanas que estuve en Ayacucho, fui a Uchuraccay, me presentaron el caso de Putis, visité la Hoyada, Anfasep, entre otros lugares de memoria.

En todos esos lugares escuchaba cada historia, era como si la ciudad hablase a través de las personas. Escuchar te lleva a replantear tu historia y hacerla girar en torno a estos relatos.

Construir memoria es siempre desafiante, lleva a mirar al otro de manera cercana en todos los aspectos. Desde el espacio físico, psicológico, emocional, etc. Solo esa cercanía puede hacer que sintamos con el otro aquello que le duele. En ese sentido, ayuda mucho que nosotras y nosotros nos acerquemos a través de los textos, al arte, el teatro y la música que se inspiraron en este momento de la historia.

“Para que no se repita”

A finales de febrero de este año, por carnavales, la Comparsa de Derechos Humanos, salió a las calles cantando estos versos:

“La Comparsa de Derechos Humanos,

siempre alegres y contentos,

vamos cantando y bailando

por las calles de Ayacucho,

por las calles de Huamanga.

Defensores de derechos,

de esta tierra de valientes,

vamos trayendo mucha memoria

para nunca olvidarnos

de la violencia vivida”

(Sin duda eran valientes todas esas personas. Y yo veía de cerca esa valentía que me interpelaba bastante todos los días)

Estos versos resumen la lucha de muchas instituciones, organizaciones no gubernamentales y grupos de derechos humanos que trabajan día a día en esta ciudad, y también fuera de ella, para que episodios como los que ocurrieron no se olviden y se construya esta memoria colectiva entre todas y todos.

Debo expresar mi admiración a todas las personas que conforman cada grupo, porque hacen de este país uno que trata de dar cuenta de lo que se vivió.

A puertas de “celebrar” el bicentenario de la República, debemos hacer memoria sobre lo que ocurrió, y enfrentarnos a este país que fue avanzando sin saldar cuentas pasadas. Sin voltear a ver la violencia que se sufrió. No se puede seguir avanzando sin conocer lo que se vivió en aquellos años, no podemos mirar adelante sin reconocernos todas y todos como parte de esta historia.

Recuerdos y compromisos…

Pisar la Hoyada, ver las fosas en la tierra, ver el tubo por el cual pasaba el gas para incinerar los cuerpos, estremece tu cuerpo, se detiene el tiempo. Escuchar que se encontraron cuerpos de niñas y niños en distintas fosas es algo que eriza la piel. Aún tengo el recuerdo nítido, de estar pisando la vegetación y la tierra de este sitio. Regresa a mi mente cada lágrima derramada por las mujeres que aún siguen esperando a sus hijos, de las esposas que esperan a sus hijos y esposos, etc.

Puede pensarse que se ha dicho mucho sobre lo que se vivió. La verdad es que aún existe mucho por trabajar. Aún las víctimas siguen esperando justicia, los familiares siguen viviendo las consecuencias de aquellos años, no hay un acompañamiento psicológico, mucho menos una asesoría legal adecuada.

No basta con reconocer que sucedieron los hechos, es necesario que creemos el espacio propicio para que más personas puedan trabajar estos temas, son necesarias políticas públicas que ayuden a que las personas encuentren la verdad, a que encuentren un Estado que no se ha olvidado de ellos.

Este primer esfuerzo por crear contenidos que den cuenta que lo vivido o que se aproximen desde distintas disciplinas, es importante para que más personas piensen sobre el tema y escuchen a personas que han sido olvidadas en nuestra historia, recuperar las voces también es un objetivo de esta reflexión: asumir un compromiso social y jurídico.

Por ellos…

Por todas las madres que no se cansan de buscar a sus esposos e hijos que no volvieron. Por las niñas y niños huérfanos producto de la violencia, por las lágrimas derramadas de los que se fueron y no volverán, por todos ellos, seguiremos difundiendo estos relatos olvidados para no olvidar.

Debemos asumir que tenemos un compromiso grande y una obligación con este país.

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