Retos de la reforma en la Salud Mental del Perú

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Miryam Rivera Holguín

Psicóloga por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, egresada de la Maestría en Salud Mental en Poblaciones de la Universidad Peruana Cayetano Heredia.  Fue coordinadora de salud mental de la Comisión de la Verdad y Reconciliación en Ayacucho. Es consultora en temas de salud mental, derechos humanos y salud comunitaria.

 

En nuestro país, muchas veces cuando hablamos de salud mental se concentra el discurso en la atención individual a los casos clínicos que requieren tratamiento farmacológico, sin embargo, la salud mental requiere atender no solo la “enfermedad mental” de quien manifiesta el síntoma, sino se necesita plantear una estrategia más eficiente que por un lado permita atender a esos casi cuatro millones de peruanos y peruanas que según el MINSA viven con alguna enfermedad mental, y también realizar acciones de promoción de salud mental y de atención primaria a los otros 26 millones de peruanas y peruanos.

Sabemos que el no ofrecer cobertura en términos de servicios especializados a los casos identificados genera un detrimento importante en la calidad de vida individual (a nivel de salud, trabajo, estudios, etc.), impacta a la familia (en lo social, económico, y productivo) y a la sociedad en general (en términos de exclusión, estigma, discriminación, y en términos económicos generando disminución de ingresos, entre otros). Lo dicho anteriormente tiene que ver con la enfermedad mental y su impacto en la sociedad, sin embargo, se necesita poner énfasis en que la salud mental no es solo la atención a la patología sino también reconocer que la salud mental incluye promover la mejora en las relaciones y las condiciones de vida del ser humano.

La salud mental no es solo adaptarse a la realidad, sino también implica transformarla (sobre todo cuando es una realidad poco sana como la que tenemos actualmente en nuestro país). La salud mental está en la manera en que las personas se relacionan según la cultura a la que pertenecen, y es importante reconocer que lo que sucede en la comunidad influye directamente en el desarrollo de las personas, de este modo, la salud mental está asociada al concepto de desarrollo humano.

En nuestro país, tenemos problemas en los que el estado de la salud mental se ve reflejado, por ejemplo, algunos de estos son:

  • Las formas de ejercer poder que se caracteriza por el ejercicio de la violencia hacia los grupos vulnerables de nuestra sociedad que se realiza de modo cotidiano en el ámbito de la vida en familia con anuencia del grupo social. Lo que esto pone en evidencia es la necesidad de negar al otro, de someter y de ejercer control absoluto sobre el otro para poder ser. Y esto se manifiesta por ejemplo en los casos de mujeres violentadas al interior de sus propias casas; de niños y niñas abusadas sexualmente por figuras cercanas como son sus propios padres, profesores o religiosos; o en las agresiones violentas a grupos minoritarios que indignan solo a pocos. Estas situaciones recurrentes no pasan de ser solo titulares de la noticia del día y degrada a nuestra salud mental planteándole que acepte la naturalización de la violencia como forma de relación entre las personas.
  • El tejido social fragmentado que se pone en evidencia por la dificultad de poder reconocernos como país con una historia articulada y con la posibilidad de poder plantearnos un proyecto nacional para nuestro país, en el que nos sintamos incluidos los de aquí y los de más allá. Las relaciones en nuestro país se fundamentan en negar al otro percibido como diferente. Si hubo por ejemplo 20 años de conflicto armado, con víctimas identificadas y con un plan de reparación aprobado, ¿como así no se implementan medidas que puedan reparar lo sucedido siendo un país de renta media? O ¿como así se sigue negando conflictos socio-ambientales que enfrentan a empresas trasnacionales con hombres, mujeres campesinas? Este tipo de situaciones nos hablan de indiferencia y de desentendimiento de un otro al que es más cómodo negar. Si analizamos esta situación y lo llevamos a un plano familiar, es como si en una casa tuviéramos un miembro de la familia que está siendo violentado y simplemente hacemos como que no lo vemos y dejamos que siga perdiendo sangre por sus heridas abiertas. Esta ejemplificación nos permite ver que quien falla no es solo quien agrede, sino también quien observa y no actúa o peor aún observa y -con su omisión y silencio-hace alianza con la figura que agrede.
  • La corrupción y el abuso de autoridad en el que se niega el sentido de lo público y se hace usufructo de los recursos para el bien personal, y esto validado por el sentido común. No solo para referirse a los grandes titulares de actos de corrupción que tenemos en estas semanas, sino también a esas pequeñas coimas e incentivos esperados en las transacciones cotidianas, que se han hecho parte de las relaciones en nuestro país (en el que las instituciones públicas con mayor corrupción incluyen a sectores como educación, justicia, seguridad y salud). Y configura el entendimiento y actuar común, que pone de manifiesto la precariedad en la salud mental en nuestra sociedad.

Pensar en términos de salud mental implica pensarnos como sociedad, es decir, construir sentido de comunidad e identidad que nos permita historizarnos, que nos permita vernos no desde la solidaridad (solamente), sino desde la ciudadanía, la cual nos permite ver al otro como próximo (ese otro puede ser una víctima, una persona con diagnóstico clínico, alguien que aún no ejerce sus derechos, etc.), y por tanto lo que corresponde es ver de incluirlo en la sociedad. Y este incluirlo en la sociedad no es un acto de generosidad sino un signo de buscar construir una mejor sociedad en la cual todos y todas podamos vivir mejor. La exclusión no solo afecta la salud mental de las personas “excluidas” sino también afecta la salud mental de quienes naturalizan la exclusión como forma de relación.

Finalizo, enfatizando que la salud mental no es solo lo que consideramos la enfermedad mental, la depresión o el abuso de drogas. Sino como se ha mencionado párrafos antes, la salud mental incluye otras dimensiones de la vida y las relaciones entre las personas, y se necesita trabajar en esas esferas desde la salud, la educación, desde los medios de comunicación, desde la no indiferencia y el respeto por las personas, desde la ciudadanía y el fortalecimiento de las instituciones.

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