¿Quieres saber cómo dirigirte correctamente a una persona con discapacidad?

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Marcos Omar Carrera Plasencia

 Estudiante de derecho en la Universidad Nacional de Trujillo, presidente de la Asociación de Estudiantes con Discapacidad Visual de la Universidad Nacional de Trujillo (AEDIS-UNT), socio de la Asociación Regional Luis Braille. Invidente desde los catorce años a causa de la diabetes.

Hablar del problema de la terminología discapacidad es siempre complejo. El tema está plagado de términos relativos o ambiguos que deberían ser abordados en pro de una discusión más integral y menos socavada de la discapacidad. El término continúa evolucionando sin aún encontrar uno que le de toda la dignidad a las personas que con ellas se refieran, el detalle más evidente es la nomenclatura. Pocos sectores sociales han llevado más nombres que este: desde los más despectivos  y discriminatorios como locos, idiotas, discapacitados, tontos, impedidos o incapacitados; hasta los más “políticamente correctos”; que por tratar de colocar a las personas con discapacidad en un lugar “”especial”, por querer ponerle un nombre bonito, algunas personas, incluso autoridades o medios de comunicación, caen en el error de nombrarlos como personas en situación de discapacidad, con capacidades especiales o con necesidades especiales. En fin, todas estas palabras son neutras, referidas a la discapacidad, que se van contaminando y deviniendo en peyorativas, haciéndose necesarias la creación de nuevas expresiones lingüísticas más adecuadas que las anteriores.

Se puede observar habitualmente que al dirigirse o mencionar a las personas con discapacidad, a través de los distintos medios de comunicación, en redes sociales, en congresos y jornadas, e incluso por las propias personas con discapacidad y organizaciones representativas, se emplean términos que resultan discriminatorios, como por ejemplo: “personas con capacidades especiales”, el diccionario de la real academia española señala que el término capacidad viene del latín capacitas, atis, mismo que tiene varios significados entre los que destacan: I. aptitud, talento, cualidad que dispone alguien para el buen ejercicio de algo; II. Aptitud para ejercer personalmente un derecho y el cumplimiento de una obligación. Por lo tanto, todas las personas cuentan con cualidades únicas y diferentes a otra, por lo que el término aludido califica a cualquier persona, tenga o no una discapacidad. (Ma. Teresa Jiménez Rodríguez-Libre Acceso, A.C-noviembre 2007).

Además el concepto “especial”, al requerir de un promedio con el cual medirse, termina poniendo el acento en la carencia o diferencia antes que en la persona. Por ende estas personas no presentan una capacidad especial como sería volar o atravesar las paredes, sino una “discapacidad” pudiendo ser diferente la forma en que se desenvuelven en el entorno familiar, social, económico o cultural. (Pantano, Liliana; “Personas con discapacidad…”).

En nuestro país durante los años noventa, nuestras autoridades resaltaron el término: “personas con habilidades diferentes”. En un afán de querer suavizar el término o “resaltar” las virtudes o habilidades de las personas con discapacidad. A través de los años, este se ha difundido entre la ciudadanía, autoridades y medios de comunicación de todo el perú, y lo han adoptado para referirse a las personas con algún tipo de discapacidad.

La dificultad con el término “personas con habilidades diferentes”, es que nos concibe como personas diferentes en si mismas por presentar algún tipo de deficiencia, lo que implica una forma sutil de exclusión, cuando a lo que aspiramos es precisamente ser un ciudadano más del común; este término es erróneo porque no define la discapacidad, no está contemplado en los instrumentos internacionales, no se menciona en la constitución del Perú (al contrario está en contra del derecho a la igualdad ante la ley ART. 2 INC.2), ni en la ley general de las personas con discapacidad. Lo que es cierto es que el término “personas con habilidades diferentes” no es correcto, y tampoco lo son los vocablos: “personas con capacidades o necesidades especiales”, “minusválido”, e “inválidos”, que más bien suenan ofensivos y son discriminatorios para estas personas.

Por muchos años, los representantes de organizaciones de personas con discapacidad y profesionales en el tema debatieron sobre cuál sería el término correcto para referirse a las personas con algún tipo de deficiencia por ejemplo podemos citar el convenio 159 de la organización internacional del trabajo (OIT) de 1983 que utilizó el concepto de “personas inválidas” asimismo el programa de acción mundial de las naciones unidas de los 80 se denominó programa de acción mundial para los impedidos. Además En 1993 a través de las normas uniformes sobre la igualdad de oportunidades para las personas con discapacidad de la ONU se estableció que el término correcto es “discapacidad” y no “minusvalía” igualmente en el 2008 se presentó la convención de las naciones unidas de los derechos de las personas con discapacidad, donde se puede leer en su título cual es el término que identifica a las personas con algún tipo de discapacidad. (RUIZ CABAÑAS  J.Alva-EL TÉRMINO CORRECTO).

Sin lugar a dudas fue un debate extenso y evolutivo que logró establecer el término correcto de “personas con discapacidad”. 

Este término hace referencia a las desventajas experimentadas por el individuo como consecuencia de las deficiencias en su interacción y adaptación del individuo a su entorno y el contexto social. (INC E del preámbulo y ART 1 párrafo II de la convención). “la discapacidad no es un atributo del ser persona humana.

El término de “personas con discapacidad”, supone primeramente otorgarles un estatuto de persona, es decir de “sujetos de derecho”, y porque a lude primeramente al sujeto antes que a la discapacidad misma.

Por otra parte se refiere que se debe valorar las posibilidades del sujeto para decidir y hacer su presente y su futuro, sus vocaciones e intereses, más allá de las deficiencias que pueda presentar.

La razón de esta nueva terminología es la aplicación de un lenguaje positivo y una visión universal de la discapacidad, en la que ésta sea la interacción de las características del individuo con el entorno y el contexto social. (Pantano, Liliana; “Personas con discapacidad: hablemos sin eufemismos”, en: La Fuente, Córdoba, Año X, Nº 33, 2007).

Asimismo es importante señalar la ley 29973 (ley general de las personas con discapacidad). Que está vigente desde el 22 de diciembre de 2012, en esta ley se sustituyó el término de personas con habilidades diferentes por el de persona con discapacidad.

Por lo tanto, en congruencia con el término establecido en el convenio sobre los derechos de las personas con discapacidad y ahora, con la ley 29973; el término adecuado para referirse a las personas que tienen alguna Deficiencia es “Personas con discapacidad”.

Entonces nos preguntamos ¿es importante realmente el cómo nos referimos a estas personas? Por supuesto que sí. El cambiar nuestro lenguaje al respecto es una pequeña muestra de interés, un ejemplo de respeto, un modo de generar empatía. Demostramos acogida al no adjetivar o etiquetar a las personas como “discapacitadas”, “incapacitadas”, “”especiales”, “diferentes”, ETC, y que sabemos que tienen otras capacidades. Porque de todas formas, cualquiera de nosotros, presentando o no una deficiencia física, mental, intelectual o sensorial, tenemos diversas capacidades.

Entendamos que la discapacidad en realidad no radica en su totalidad en la persona que la posee, sino que está en las barreras simbólicas, sociales o físicas construidas, impuestas y mantenidas por nosotros mismos y nuestra sociedad.

La discapacidad es un proceso que evoluciona, porque se refiere a los seres humanos, quienes son sujetos de derechos. Esta evolución se ha manifestado claramente en la definición hacia las personas que viven con algún tipo de deficiencia, que en la actualidad se presenta desde el enfoque social, no medicalista, ni asistencialista. Por ese motivo es fundamental lograr la uniformidad de términos en relación a las personas con discapacidad.

Al modificar nuestro lenguaje también tenemos la opción de educar a otros; por ejemplo, si nos preguntan por qué decimos persona con discapacidad y no persona con habilidades diferentes. Al explicarlo estaremos ayudando a generar perspectivas adecuadas sobre que implica la discapacidad.

Tanto en los medios de comunicación, al preparar y realizar un discurso, cuando se escribe, como cuando trabajamos con alguien con algún tipo de deficiencia, hay que asegurarse que se utiliza la terminología comúnmente aceptada y evitar los términos ofensivos.

En nuestra sociedad todos deben intervenir: gobiernos, medios de comunicación, asociaciones, normativas, la sociedad en general, y deben hacer un esfuerzo por referirse a estas personas en forma correcta con el término personas con discapacidad.

Es muy importante por ejemplo la labor de los medios de comunicación, comenzando por los medios de información social. Ellos deben dar ejemplo y servir de bandera, para que la sociedad poco a poco vaya adquiriendo el hábito y utilice el término persona con discapacidad.

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