Bettina Valdez Carrasco

Abogada, Magistra en Gerencia Social, Magistra en Estudios de Género
Pontificia Universidad Católica del Perú

Provengo de un hogar tradicional y patriarcal. Mi padre era el proveedor, protector y dador de reglas. Todo tenía que hacerse sin dudas ni murmuraciones, porque quien vivía en su casa tenía que seguir sus órdenes. Tuve cuatro madres: mi abuela, dos tías y mi madre biológica, quienes me profirieron todo tipo de cuidados según sus especialidades de vida. Una me daba la seguridad del misticismo, y de las grandes verdades cosmológicas. La otra me daba su tiempo, sus palabras de cariño, sus abrazos. Otra de mis madres me cuidaba en las enfermedades y en la alimentación, aún lo hace. Y la otra me acompañaba en mis estudios, validaba las reglas de mi padre y sancionaba mis pequeñas rebeldías fuera del molde del estereotipo de género, aún lo hace también.  Todas, salvo mi abuela, tenían un trabajo remunerado, iban a la oficina o al consultorio, eran independientes y a la vez eran mis madres, dadoras de cuidado.

En este contexto aprendí que el padre es la ley y que la madre es su apoyo, cada quien con funciones diferentes. Complementos ideales de un dicotiledón. No se hablaba de feminismos, pero la realidad me demostraba que todas mis madres eran fuertes y tomaban sus propias decisiones, y aún así vivían el machismo. Mi padre tomaba una decisión, mi madre se sometía, yo les seguía.

Ahora en esta etapa de mi vida me pregunto como debería ser una madre feminista, acaso habrá un modelito para copiar y pegar, acaso habrá un manual, acaso habrá una escuela de formación, acaso me encontraré con la sororidad de otras madres feministas que compartan su experiencia.

Recuerdo a Betty Friedan[1] que hablaba de la “mística de la feminidad” como aquella misión primordial de las mujeres de su época de seguir su naturaleza de madres, la pasividad sexual, el sometimiento al hombre y la crianza de los/las hijos/as; pero todo ello les generaba un profundo malestar, «el problema que no tiene nombre», ante la imposibilidad de salir de ese rol doméstico. Hoy en día, tal vez dicha situación ha ido cambiando en algún sentido, pero como nos dice Norma Fuller[2] si bien en la actualidad la identidad femenina ya no se define necesariamente por la maternidad porque su espacio de realización se ha ampliado al ámbito laboral y profesional, aún hoy la relación entre el trabajo remunerado y las tareas de cuidado está mediada por el significado y la valoración que la mujer atribuya a la maternidad y al trabajo, porque no necesariamente se han generado cambios en las responsabilidades domésticas de los hombres o en los deberes de cuidado que los Estados deben asumir. En esa lógica, Santos Fernández[3] nos dice que las mujeres se enfrentan al “doble sí”. Sí a la maternidad y sí al trabajo remunerado, pero con las condiciones adecuadas, y sobre todo luchando contra un trabajo precario y contra la doble jornada laboral.

A partir de ese contexto, el feminismo puede ser una oportunidad para cuestionar y re significar la maternidad y permitir a las mujeres vivir una experiencia más libre de estereotipos. Esto implica varios desafíos, sobre todo porque la presión social se agudiza en esta etapa de la vida. La pareja se revela más machista que nunca, los consejos de las familias se vuelven más tradicionales, el discurso médico se vuelve más inhumano, el ritual del baby shower lo convierte todo en celeste y rosado, es decir, todo va generando mil y un retos para las mujeres que quieren cuestionar los patrones tradicionales y patriarcales que rodean la maternidad. Es así, que se pone en juego su capacidad de resistencia, cuestionamiento y argumentos con las que se cuenta para defender su autonomía. Y a la vez su capacidad de agencia y negociación con su pareja, con su familia, con las escuelas, su entorno, a fin de generar cambios mutuos sin rompimientos dramáticos o conflictos nucleares[4].

De esta forma el proceso de maternidad y crianza se convierte en un mecanismo de trasformación y rebeldía que puede interpelar los mitos vinculados a la familia, la lactancia, el instinto maternal, el amor maternal, las responsabilidades domésticas exclusivas de las mujeres, en suma, toda la organización social que avala estas tradiciones culturales. La maternidad pasa a convertirse en un asunto político de cambio[5].

A todo esto, no se puede olvidar que la reproducción social se ha fundamentado en la maternidad, la familia, y la exclusividad femenina de las tareas domésticas, todo lo cual ha colaborado al mantenimiento del sistema de género tradicional. El proceso de la maternidad supone la generación social de una serie de mandatos, mitos, rituales  relativos a su ejercicio, que se expresan en comportamientos individuales y también en políticas públicas institucionales, discursos, y representaciones públicas sobre los ideales de la maternidad que propugna una sociedad determinada según su cultura y tiempo histórico. En esa lógica, la relación entre el feminismo y la maternidad es necesaria y urgente, a fin de que se practique un cuestionamiento constante y a la vez propuestas de cambios profundos[6].

A partir de todo lo dicho, ojalá que logre ser la madre feminista que me gustaría ser, ojalá mantenga mi identidad y que todo no se diluya en un rol de madre, ojalá rescate de mis ancestras sus mejores enseñanzas, ojalá honre como se debe esto de ser portadora de vida, de una vida independiente y diferente a mí. Ojalá que cuarenta años de experiencia machista y patriarcal desde la infancia logren contrastarse con una práctica de cuestionamiento teórico práctico desde el feminismo. Que no quede en vano tanto estudio y que se apliquen en mi vida y en las vidas que me rodeen con la radicalidad que se merecen. Ojalá también que pueda plantear los argumentos más adecuados para resguardar mi cuerpo de la violencia obstétrica, las preguntas chismosas y las palmaditas en el vientre que asumen que el cuerpo de una mujer embarazada se vuelve público, tocable, preguntable y se olvidan que el cuerpo es lo más privado y más personal que se tiene y por eso no se toca, no se mira, no se acosa, no se viola, y no se pregunta. Se respeta.

Ojalá que mi pareja sea cuestionador de sus roles proveedores, protectores, anti emociones, y que sea practicante sobre todo de sus pensamientos teóricos de estudios de género desde la concepción, la gestación, el parto y la crianza, pues a veces se piensa que las responsabilidades compartidas recién se practican con el nacimiento del bebé, cuando deberían practicarse desde la gestación, si la madre debe cuidar su salud, no tomar, no drogarse, no fumar, pues la pareja también debe hacerlo.

Finalmente, como diría Benedetti, me toca dar mi cuota de cambio desde una maternidad diversa y feminista y sobre todo “defender la alegría como un derecho/ defenderla de dios y del invierno/ de las mayúsculas y de la muerte/ de los apellidos y las lástimas/ del azar / y también de la alegría”.


[1] Cf. FRIEDAN, Betty. Extractos de La Mística de la feminidad. En: http://www.bantaba.ehu.es/formarse/ficheros/view/Textos_de_Betty_Friedan.pdf?revision_id=53775&package_id=33304

[2] Cf. FULLER, Norma. Maternidad e identidad femenina: relato de sus desencuentros. En: http://www.codajic.org/sites/www.codajic.org/files/Adolescencia%20y%20juventud%20en%20Am%-C3%A9rica%20Latina%20Solum%20Donas%202001.pdf#page=219

[3] Cf. SANTOS FERNANDEZ, L. ¿Los tiempos femeninos ponen “patas arriba” el derecho al trabajo?. En: Mora Cabello de Alba, L., Trabajar en femenino, trabajar en masculino. Un libro a once voces (pp. 113-125). Albacete: Bomarzo, 2013.

[4] Cf. SÁNCHEZ BENÍTEZ, Natalie. La experiencia de la maternidad en mujeres feministas. En: http://www.scielo.org.co/pdf/noma/n44/n44a15.pdf

[5] Cf. FERNÁNDEZ, Irati. Feminismo y maternidad: ¿una relación incómoda?. Consciencia y estrategias emocionales de mujeres feministas en sus experiencias de maternidad. En: http://www.emakunde.euskadi.eus/contenidos/informacion/certamen_publicaciones/es_def/adjuntos/2013.feminismo.maternidad.relacion.incomoda.pdf

[6] Cf. SALETTI CUESTA, Lorena. Propuestas teóricas feministas en relación al concepto de maternidad. En: http://www.bdigital.unal.edu.co/50631/1/elconceptodematernidad.pdf

 

1 Comentario

  1. ¡Maravilloso artículo!, reflexivo, sincero y hasta me animaría a decir que tiene alma; rodeado de conocimiento y emoción como dos caras de una medalla que se complementan muy bien, como la propia autora.
    ¡Felicidades!

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