Los pueblos indígenas y el ambiente

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Prof. Gabel Daniel Sotil García

Profesor de Filosofía y Ciencias Sociales egresado de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, con cursos de perfeccionamiento en Educación Bilingüe Intercultural y Tecnología Educativa.
Docente principal a dedicación exclusiva de la Facultad de Ciencias de la Educación y Humanidades
de la UNAP.

 

Según las teorías vigentes para tratar de explicar el proceso de poblamiento de nuestro país, éste sería el producto de sucesivas oleadas de  cazadores y recolectores nómadas que habrían entrado a lo que hoy es nuestro espacio territorial entre diez mil a veinte mil años antes de la era cristiana, procedentes del norte de nuestro continente.

Aun cuando nuevos hallazgos pudieran hacer retroceder dicha fecha de ingreso, es muy probable que este ingreso se haya efectuado por diversas rutas de la selva, para ascender a los Andes y luego a la costa o siguiendo la franja oriental de los Andes. (1)

Habiendo encontrado un ambiente propicio y luego de un lento y largo proceso de aclimatación, estos pueblos primigenios fueron asentándose en áreas cada vez más restringidas hasta determinar un territorio dentro del cual encontraban todo lo que necesitaban para su subsistencia individual y social. Determinaron, así, su ambiente dentro del cual harían su vida como pueblos. Interactuando con él, empezaron a domesticar las primeras especies animales y vegetales (pavo, yuca, maíz, palta, piña, cocona, plátano, etc.), luego vendría la alfarería, las primeras formas de agricultura, crianza en cautiverio (charapas), etc.

Se sabe que Arawacs, Pano-Caribes, Chibchas, Tupí-Guaraníes, etc., las hordas iniciales, se dispersaron, a lo largo de los siglos, en amplios territorios, dividiéndose en tribus que poco a poco se fueron diferenciando entre sí en idiomas, costumbres, arte, mitos, leyendas, religión, etc. hasta alcanzar su propia manera de actuar (cultura) dentro de su ambiente. (2)

A partir de esta primigenia diferenciación, cada uno de estos grupos humanos evolucionó culturalmente en el lapso de milenios, hasta dar origen a lo que hoy conocemos como Pueblos Indígenas de nuestra región,  representados en la actualidad por más de sesenta etnias, descendientes de doce familias lingüísticas identificadas y algunas de origen aún no identificado.

Es  necesario recordar que es en 1542, cuando se inicia el contacto oficial de las etnias amazónicas con la cultura europea, tomándose como hito cronológico el encuentro hecho por don Francisco de Orellana con el río más caudaloso del mundo  que, en esos momentos históricos  era conocido como Paranaguasú (El gran río) por Omaguas y Kukamas, descendientes del tronco etnolingüístico Tupì Guaraní, y también Paranatinga (Río Blanco)  y Tungurahua (Rey de las aguas) y que servía de escenario de intercomunicación interétnica desde miles de años atrás. (3)

Por prejuicios respecto a las nomenclaturas aborígenes dicho río sería rebautizado con el nombre “Amazonas”, pero ya servía de medio de comunicación e intercambios a estas etnias, que eran mucho más numerosas que las que hoy existen.

En íntima comunión con el Bosque Húmedo Tropical generaron un largo historial de vida, literalmente milenario, dentro del cual habían aprendido a desenvolver su vida con plena armonía creadora, que les permitió dar origen a un conjunto de culturas diversas entre sí pero con denominadores comunes, fundamentalmente en lo que respecta a su relación con el bosque, es decir, su ambiente.

Uno de los aspectos que más deslumbró a los conquistadores europeos en nuestra región amazónica, a la que venían a buscar las grandes riquezas que los Incas les habían referido (“El Dorado”, el país en donde todo era de oro o el “País de la Canela), seguramente que para dirigir su ambición a una región que ellos sabían que era muy difícil de penetrar (ellos habían fracasado en varios intentos dirigidos por Pachacutec, Túpac Yupanqui y Huayna Capac, pocos años antes de producirse la conquista del Tahuantinsuyo), fue el esplendor de nuestro bosque, el verdor imponente e infinito de los árboles que se extendía desde la parte oriental de los Andes hasta el llano amazónico que hoy llamamos selva baja o región Omagua.

Hasta ese entonces, los pueblos amazónicos tenían acumulado un larguísimo historial de trato con el bosque, que les había permitido el aprendizaje de comportamientos sociales adecuados a las características del mismo, de tal manera que sus efectos sobre el bosque mismo no eran mayormente negativos.

Conocimientos sobre el suelo, sobre las propiedades de las plantas (alimenticias, medicinales, ornamentales, etc.), el régimen de las aguas, sistemas de rozo y recuperación de los suelos, policultivos, empurmado, uso de bajiales, técnicas de caza (uso de diversas trampas, arpones, flechas) y pesca, etc., constituían todo un bagaje de sapiencia social acumulada en el trato directo con el bosque, a tal punto que los efectos depredantes naturales de la acción humana sobre su entorno, eran relativamente mínimos. A ello se agregaba la creación de todo un conjunto de mitos, leyendas, creencias, costumbres, valores, etc. que conformaban un todo coherente dentro de lo que podría llamarse una cultura forestal. (4)

Es dentro de este marco de las culturas forestales, proveedoras de comportamientos respetuosos del entorno inmediato, que las nuevas generaciones aprendían a actuar causando el menor daño posible a su ambiente, aprendizaje que lo hacían en la actuación comunal cotidiana, por efecto demostrativo de todos y cada uno de los miembros  de las generaciones mayores.

Por ello, la gran eficacia en la transmisión del equipamiento axiológico- actitudinal hacia las nuevas generaciones, con lo cual se aseguraba la conservación del bosque como escenario existencial por los mínimos efectos destructivos sobre el ambiente, dado que era reconocido como el gran proveedor elementos para la subsistencia social.

Es por esta razón que hoy podemos aseverar que fueron estos pueblos originarios amazónicos quienes hicieron praxis de vida de lo que hoy venimos denominando como “desarrollo sostenible”, caracterizado por la relación armoniosa, reverente que dichos pueblos supieron establecer con su ambiente.

Es a consecuencia de esta cosmovisión de armonía con la naturaleza, la Sacha Mama, que hoy podemos contar con un bosque solo dañado por quienes llegaron en los últimos siglos con una visión de predominio y apropiación de la naturaleza.

Será la introducción de comportamientos ajenos a este ambiente  la que causaría las depredaciones, iniciadas desde el momento mismo en que el conquistador europeo impuso su cultura, a tal punto que en  los momentos actuales son grandes las extensiones de bosque que desaparecen anualmente y, con ello, la erosión del suelo, la contaminación de las aguas (ríos, quebradas y cochas), la extinción de especies faunísticas (ornitológicas, piscícolas, entomológicas, etc.) y florísticas por la sobre-explotación selectiva de la que son objetos, todo ello con la complacencia de la clase con poder político y económico de nuestro país y región.

Se hace necesario, entonces, que en la cultura mestiza aprendamos de los Pueblos Indígenas a establecer esa relación respetuosa que establecieron con su ambiente, si es que queremos seguir contando con la riqueza de nuestra selva maravillosa.


(1) Dourojeanni, Marc J.; “Amazonía, ¿Qué hacer?”, CETA, Iquitos, 1990, pág. 47
(2) Morey Alejo, Humberto y G. Sotil G.; “Panorama histórico de la Amazonía Peruana, una visión desde la Amazonía Peruana”, MPM, Iquitos, 2000, págs. 31 – 40
(3) EL OMAGUA, suplemento estudiantil de Kanatari, Año I, 28-10-90, No. 2.
(4) COMISIÓN AMAZÓNICA DE DESARROLLO Y MEDIO AMBIENTE; “Amazonía sin mitos”, PNUD – BID – TCA, I992, págs. 30 – 31

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