La violencia contra la mujer: El papel que nos toca como sociedad para arrancar de raíz este flagelo.

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Mariella Bianchi Salazar

MBA en Gestión y Dirección de Empresas en la Universidad de Tarapacá, Mg. en Derecho Civil y Comercial en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y Gerente General de B&B Asesores y Consultores S.A.C.

La violencia es un camino sin retorno del que muchas mujeres no logran escapar. Los malos tratos, gritos, insultos y todo tipo de conductas machistas y misóginas pueden generarse desde el enamoramiento, a temprana edad, y perpetuarse a lo largo de la vida en pareja. Si la mujer no recibe el apoyo necesario para salir de este entrampamiento, su vida puede tener un terrible fin, a manos de su pareja, dejando en la más lamentable orfandad a sus hijos. En el mejor de los escenarios, el agresor terminará tras las rejas. Sin embargo, otros seguirán blindándose bajo la ineficiencia e inacción de un Estado que no ha sido capaz de proteger a sus mujeres y, en consecuencia, a sus hijos.

La marcha «Ni una menos» es la primera manifestación pública que unificará el clamor nacional para combatir la violencia contra la mujer. Sin embargo, tan importante como concientizar es atacar de raíz el problema: Erradicar la violencia que surge en el seno familiar, producto de una cultura machista que empodera a los hombres y desvaloriza a las mujeres. Para ello, debemos considerar un plan de acción concreto, con metas efectivas y eficaces.

Este plan de acción se inicia con la capacitación de nuestras mujeres, mediante charlas de inteligencia emocional y autoestima. De esta manera, ellas podrán encontrar la fuerza para no permitirle a ningún hombre, nunca más, ni un solo grito, ni un solo insulto, ni un solo golpe. No permitir ni una sola ofensa más a nuestra dignidad y valor como mujeres. Merecemos todo el respeto y trato digno e igualitario por el sólo hecho de ser seres humanos. Así, con un trabajo psicológico constante y firme, la mujer nunca más perderá la perspectiva de su valor mujer.

De igual modo se capacitaría a los hombres, con cursos que los hagan conscientes de la necesidad de ir en contra de la formación y cultura machista heredada de nuestros ancestros. Serán importantes también cursos de inteligencia emocional que les permitan mantener el control de la ira. Por último, será crucial impartir cursos en los cuales los padres interioricen el rol que les corresponde dentro de sus familias, para que puedan asumir responsablemente su papel formador. Un padre maltratador criará a un hijo que aprenderá de su padre, que la agresión es la manera en que se debe tratar a las mujeres: Criará un maltratador. Un padre maltratador criará hijas que aprenderán que es «normal» ser golpeada y humillada. Criará una futura víctima de violencia. Los estudios reflejan esta realidad: Los maltratadores vieron que su padre maltrataba a su madre, física y/o psicológicamente; mientras que un gran porcentaje de mujeres maltratadas vieron como sus madres fueron agredidas y denigradas por sus padres o parientes hombres.

Es en este sentido que el cambio iniciará partiendo de un compromiso social, el cual debe llevarse a cabo en todos los niveles y esferas del gobierno. En lo que respecta al sector educativo, desde todos los niveles educativos (educación inicial, primaria, secundaria y superior), nuestros niños, jóvenes y adultos deben ser instruidos y orientados en el respeto a la dignidad y valor que todas las mujeres merecemos.

Por otro lado, este compromiso social también implica que tomemos conciencia del deber de denunciar a las autoridades si es que tenemos conocimiento de algún hecho que implique violencia física y psicológica hacia la mujer, ya sea en nuestro entorno social, familiar, laboral, entre otros. La ley establece que cualquiera que tenga conocimiento de un hecho ilícito, está en la obligación de denunciarlo. De lo contrario, seremos cómplices de la continuidad del maltrato y de su último escalón: El feminicidio.

El silencio es cómplice y es el combustible que permite que la bomba de la violencia estalle. Muchas personas tienen la creencia de que cuando se tiene conocimiento del maltrato a la mujer, es mejor no involucrarse porque “en problema de dos, un tercero sale sobrando”. Esto inclusive es confesado por los familiares de las víctimas, quienes, al ser entrevistados, reconocen que sabían de los maltratos pero que no podían intervenir por ser un problema de pareja. Lo cierto es que son los familiares, amigos y vecinos quienes deben denunciar esta violencia, considerando que la mujer maltratada muchas veces ha perdido la capacidad de defenderse y de tomar valor para denunciar, debido a las secuelas psicológicas producto del maltrato. El miedo, simplemente las paraliza y las deja sin capacidad de reacción.

Otro aspecto que requiere atención es la actitud generada cuando una mujer desea denunciar. Ante ello, algunas personas, en clara tendencia machista, le dicen: “¿Cómo vas a denunciar? ¡Si es tu marido, el padre de tus hijos!” Eso mismo deberían pensar todos los maltratadores: ¡Cómo voy a ser tan cobarde de insultar, ofender y golpear a mi mujer, a la madre de mis hijos! Como sociedad debemos comprometernos a denunciar todo tipo de maltrato, en el instante mismo en que tomemos conocimiento del hecho. Pasar de la inacción a la acción, para no lamentar luego trágicos desenlaces.

Finalmente, sería de gran utilidad la creación de un Registro Nacional de Maltratadores, a cargo del Ministerio de Justicia, a fin de que, diariamente, los nombres de aquellos agresores sean publicados en el Diario Oficial El Peruano. Así pues, todo el Perú sabrá quién es un maltratador. Si son tan valientes para agredir a una mujer, que sean valientes para asumir las consecuencias de sus actos: la condena social y moral de todo el país.

¡No al silencio cómplice, no a la impunidad!: ¡Denunciemos y combatamos juntos la violencia contra la mujer! ¡Ni una menos!

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