LA UNESCO Y LA DIVERSIDAD CULTURAL EN LA AMAZONÍA PERUANA

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Prof. Gabel Daniel Sotil García

Profesor de Filosofía y Ciencias Sociales egresado de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, con cursos de perfeccionamiento en Educación Bilingüe Intercultural y Tecnología Educativa.
Docente principal a dedicación exclusiva de la Facultad de Ciencias de la Educación y Humanidades
de la UNAP.

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En su indetenible camino hacia su plena humanización, nuestra especie tiene que enfrentarse a sí misma en un supremo esfuerzo de autorreflexión, para descorrer los velos que le impiden verse en su real naturaleza humana, superando prejuicios que, a lo largo de su historia, la han segmentado y hecho que nos enfrentemos unos con otros, en búsqueda de hegemonías, que más que impulsos, han significado lastres en ese avance hacia la suprema humanidad, que debe ser nuestro norte orientador.

Un aspecto trascendente de esta búsqueda viene siendo la lucha contra los prejuicios raciales y la incomunicación intercultural, propósito que se expresa en la “Declaración de las Naciones Unidas de los Derechos de los Pueblos Indígenas” (07-09-2007) y el Informe Mundial de la UNESCO: “Invertir en diversidad cultural y el diálogo intercultural” (París, 2009), de especial significado para el avance en la conquista de la equidad interétnica en nuestro país, dado que nuestra Amazonía tiene el privilegio de ser pluricultural y multilingüe, en cuyo  ámbito geográfico  entran en relaciones dinámicas y de interinfluencias muy diversas culturas.

Cada una de ellas con su propia manera de hacer su vida, de alegrarse, de entristecerse, de vestirse, de hacer su arte, de preparar sus alimentos, de ver su mundo, de ser personas. Todas ellas presentes en nuestro ámbito geográfico nacional y regional. Unas originarias (milenarias), nacidas en las entrañas mismas del bosque y, otras, venidas de otros lares, pero ya asentadas secularmente en esta región.

Portadoras de todo un universo de conquistas materiales y espirituales, cada una de ellas es poseedora de un invalorable bagaje de logros en sus relaciones con sus respectivos entornos existenciales y con las demás culturas.

Estas relaciones entre las culturas de esta región, que venían realizándose de acuerdo a patrones tradicionales, se alteró hace cinco siglos con la irrupción de la cultura europea occidental, inicialmente y, luego, de otras procedencias, dando origen a muy diversos fenómenos, tales como la jerarquización entre ellas y la discriminación de las personas por causa de su origen o extracción cultural.

Como consecuencia de ello, se hacen presentes el hegemonismo político y la exclusión en el disfrute del poder por parte de la cultura dominante: la mestiza; por lo tanto, en concordancia con los intereses de perpetuación de esta situación, la sociedad toda es organizada para que propicie y asegure su supremacía y la consecuente exclusión de las otras culturas.

Se genera así la atmósfera psicológica y espiritual que viene nutriendo y asegurando las relaciones discriminantes y violentistas que hoy signan y cruzan todo el espectro de nuestra dinámica socio-cultural, no sólo al interior de nuestra región, sino en todo nuestro país.

En esta atmósfera de etnocentrismo generalizado, a la educación, conjuntamente con otros agentes sociales, en especial los medios de comunicación social, se les encarga el rol difusor de los mensajes que constituyen la argamasa que da solidez y perdurabilidad a esta situación de incomunicación y falta de respeto entre las culturas de nuestro país y región.

Es a partir de dichos centros difusores que aprendemos a ver a nuestra diversidad cultural y lingüística como un problema, haciendo de la homogeneización cultural el ideal buscado socialmente para hacer desaparecer a las culturas originarias mediante el proceso de mestizaje.

La unidad lingüística, la unidad religiosa, la unidad artística, etc., es decir, la unidad cultural, son ideales que encubren el propósito homogeneizador partiendo de la premisa de que nuestro “gran problema” es la diversidad cultural y, por lo tanto, no será posible, supuestamente,  que logremos nuestro desarrollo nacional y regional mientras exista esta diversidad.

En este panorama de relaciones discriminadoras, jerarquizantes y excluyentes, la educación viene cumpliendo la ingrata tarea de ser el instrumento de imposición cultural y de difusión de la ideología que encubre los intereses de la clase dominante, para la fracturación cultural. Rol que en los tiempos presentes se viene fortaleciendo, a pesar de discursos en sentido contrario.

Por lo tanto, se hace necesario que replanteemos estas relaciones entre los Pueblos de nuestra región, teniendo en la educación el instrumento para crear una nueva ética relacional entre todos nosotros, como requisito indispensable para construir una sociedad auténticamente democrática, regida por los principios de paz y equidad, no sólo entre las personas sino entre las culturas que conforman nuestro país, al que ya debemos aprender a considerar y percibir como multiétnico, visión que nos exige un nuevo equipamiento psico-cognoscitivo y axiológico.

Es en el marco de dicho trasfondo conceptual y actitudinal que la emisión del documento de la UNESCO, antes mencionado, adquiere un especial significado tanto regional como nacional, para darnos un nuevo impulso en la búsqueda de la equidad en las relaciones de las diversas culturas de nuestro país; logro que nos es indispensable para la consolidación y perduración como característica esencial de nuestra especie.

Documento elaborado con los objetivos de “analizar la diversidad cultural en todas sus facetas…”, el Informe Mundial de la UNESCO: “Invertir en diversidad cultural y el diálogo intercultural” muestra “…la importancia de la diversidad cultural en distintos ámbitos…” para “convencer a los encargados de adoptar decisiones y a las distintas partes interesadas de la importancia de invertir en la diversidad cultural en cuanto dimensión esencial del diálogo intercultural” (página 1).

Dicho Informe parte de la premisa de que uno de los mayores logros de Nuestra Humanidad es su grandiosa diversidad cultural, que se concreta en la existencia de un “…conjunto de rasgos distintivos espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad o a un grupo social y que abarca, además de las artes y las letras, los modos de vida, los derechos fundamentales al ser humano, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias” (página 3) que, muy lejos de ser una amenaza para la comunidad internacional, es su más grande fortaleza.

Fortaleza que hoy se expresa en la vigencia de entre seis mil y ocho mil lenguas que aún son habladas por quienes conformamos la especie humana (en nuestro país hablamos más de sesenta idiomas, la gran mayoría de las cuales se habla en la Amazonia), en un marco de intensas relaciones interculturales, acentuadas por el actual proceso de globalización, cuyos efectos deben merecer una especial atención, tanto de los gobiernos nacionales como de las instituciones y personas.

Por esta razón, el Informe propone, entre otras medidas, la creación de “un Observatorio Mundial de las repercusiones de la mundialización en la diversidad cultural”, el establecimiento de “un mecanismo nacional de seguimiento de los aspectos de las políticas públicas relacionados con la diversidad cultural” y la aplicación de “políticas lingüísticas nacionales para salvaguardar la diversidad lingüística y promover el plurilingüismo a la vez”.

Dicho Informe hace un especial énfasis en “… la adopción de nuevas estrategias para facilitar el diálogo intercultural, mejorar la pertinencia de los contenidos de la educación, contrarrestar la difusión de estereotipos en los medios de comunicación e información y propiciar los intercambios de producciones artísticas y la circulación de los artistas”, (el subrayado es del autor) y esboza una nueva visión de la diversidad cultural centrada en el dinamismo de ésta y en la necesidad de luchar contra la propagación de un “analfabetismo cultural”, impulsada por la aceleración de las transformaciones sociales.

Concebido bajo una óptica renovada, que es fruto de los aportes que desde la década de los 50’s del siglo pasado vienen haciendo tanto la misma UNESCO como insignes investigadores del campo científico social, este Informe comprende el panorama de los temas más íntimamente relacionados con la creación humana: la diversidad cultural, el diálogo intercultural, la dinámica de las lenguas, la educación en la dinámica cultural, la comunicación y los contenidos culturales, la creatividad artística, la diversidad cultural y sus relaciones con el desarrollo sostenible y, finalmente, la diversidad cultural y su relación con los derechos humanos y la gobernanza democrática.

En resumen, este Informe constituye un invaluable instrumento para la gestión socio política de las sociedades humanas en cualquiera de sus dimensiones: país, región, ciudad, caserío, etc., que son escenarios en los que se activa la interacción humana en el marco de los mecanismos ya creados de acuerdo con su experiencia histórica.

Por lo tanto, es de esperar que a la luz de sus consideraciones, en nuestro país, en todos los niveles de decisión política, este documento sea tenido en cuenta para inspirar y orientar las decisiones referidas a los aspectos culturales e interétnicos, que posibiliten la pronta vigencia del tan ansiado y necesario diálogo intercultural.

Muy especialmente en nuestra región amazónica, reino de la etnodiversidad y el plurilingüismo, cuyo potencial cultural aún no conocemos a plenitud para generar nuestra propia modernidad.

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