El reto de la Responsabilidad Social

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Julio César Franco Pérez

Abogado. Magister en Gerencia Estratégica de Empresas por CENTRUM, Escuela de Negocios de la Pontificia Universidad Católica. Especialización en Normas y Políticas Laborales, Responsabilidad Social, Resolución de Conflictos y Arbitraje. Arbitro inscrito en el Centro de Arbitraje y Resolución de Conflictos de la Pontificia Universidad Católica y en el Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo. Ex-Gerente de Personal del Banco de la Nación y Ex-Director de la Oficina de Recursos Humanos del Ministerio de la Producción. Miembro de la Sociedad Peruana de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social

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En términos generales, la Responsabilidad Social Empresarial se puede definir como el compromiso efectivo de las empresas para promover y apoyar el desarrollo de las comunidades que forman parte del ámbito de actuación e influencia de la empresa, sea este de carácter local, regional, nacional o global.

En tal sentido, la Responsabilidad Social Empresarial supone, en primer término, la asunción de un conjunto de valores y principios que orientan la actividad empresarial más allá de los intereses y expectativas, legítimas e irrenunciables, de sus accionistas y directivos por maximizar el retorno de su inversión y sus utilidades, para asumir también, de manera genuina y no impostada, la corresponsabilidad por compartir los beneficios de la actividad empresarial con quienes forman parte del entorno de la empresa.

En términos muy pertinentes, Mintzberg definía la Responsabilidad Social Empresarial como “la consideración voluntaria del bien público y social, a la par del bien económico y privado”.

Fundamentos principales de la Responsabilidad Social Empresarial[1]

El mismo autor, fundamentaba la necesidad de la responsabilidad social, en dos consideraciones principales.

De un lado, la evidencia de que las decisiones estratégicas de las empresas, tienen inevitables consecuencias sociales y económicas que están vinculadas indisoluble e inexorablemente. “Cada decisión importante de una gran corporación – introducir una nueva línea de productos, cerrar una planta vieja, lo que sea – genera todo  tipo de consecuencias sociales. En los negocios, en los negocios no hay una cosa tal como una decisión puramente económica.” Esa libertad, y el poder de concretarla en operaciones que impactan la vida de los integrantes de la comunidad, exigen asumir decisiones empresariales responsables respecto a todos aquellos que se pueden ser afectados o beneficiados, de manera directa o indirecta y cercana o lejana, por tales decisiones y operaciones.

El segundo argumento que aportaba Mintzberg alude a que siempre hay algún grado de discrecionalidad en las decisiones empresariales, “libertad para frustrar necesidades sociales o para atenderlas”. Esa discrecionalidad nos hace responsables. “Si los sistemas de control de rendimiento preferidos por las corporaciones grandes y diversificadas merman demasiado nuestras normas éticas, entonces tendremos que repensar como están organizadas estas corporaciones – repensar su tamaño, su burocratización, su diversificación”.

El eje de todo esto radica, pues, en si el ser humano está en el centro de la sociedad, del mercado y de los negocios, o si, por el contrario, es simplemente un agente consumidor respecto al cual la empresa no se siente responsable más allá de las transacciones económicas en el mercado que las vincule. Sin una base ética en la empresa y en los negocios, no es posible hablar de Responsabilidad Social genuina, y esta será sólo una estrategia más del marketing corporativo.

En términos equivalentes, Peter Drucker, el gran gurú de la administración moderna, enfatizaba que “la responsabilidad debe ser el principio que informe y organice la sociedad post-capitalista. La sociedad de las organizaciones, la sociedad del saber, exige una organización basada en la responsabilidad.”  Sobre esa base, Drucker instaba a las empresas a asumir su responsabilidad social: “…no hay nadie más en la sociedad de las organizaciones que pueda cuidar de la sociedad misma.”   Adicionalmente, y no menos importante que todo lo anterior, Drucker insistía en que todo ello se debía hacer “…responsablemente, esto es, dentro de los límites de su competencia y sin poner en peligro su capacidad de funcionamiento.”

También agregaba que “…el rendimiento económico no es la única responsabilidad de una empresa, como tampoco el rendimiento económico es la única responsabilidad de una empresa ni los resultados en atención sanitaria, la única responsabilidad de un hospital. El poder debe equilibrarse siempre con la responsabilidad; de lo contrario es tiranía. Pero, además, sin la responsabilidad, el poder también degenera en falta de resultados…”.

Schwalb y García, refiriéndose a Drucker, agregan que sostenía que “…las organizaciones tienen la responsabilidad de intentar encontrar un enfoque de los problemas sociales básicos que encaje en sus competencias y que, claro está, transforme un problema social en una oportunidad para la organización” y que “cada organización debe asumir la plena responsabilidad por el efecto que tenga en sus empleados, en el entorno, en los clientes y en cualquier persona o cosa que toque. Eso es responsabilidad social.”

Competitividad empresarial y sostenibilidad social

Como se ha visto antes, la primera obligación de una empresa es ser eficiente, productiva, rentable y competitiva, generando retorno para sus inversionistas, pero no de cualquier forma ni a cualquier precio, sino siendo responsable del impacto que generan sus decisiones y operaciones en la comunidad.

En consecuencia, las exigencias de la eficiencia, rentabilidad y competitividad empresarial, en el mundo de la Responsabilidad Social Empresarial, se guían no únicamente por consideraciones económicas, referidas a los resultados en los estados financieros. Claro que estas consideraciones son determinantes y no pueden estar ausentes. Pero el entendimiento y la forma de lograr la eficiencia, productividad, rentabilidad y competitividad, se completan de modo sustancial si se incorporan principios, objetivos y estándares de responsabilidad social.

A modo de ejemplo, se tendrá que ser eficiente utilizando insumos y conduciendo procesos productivos amigables con el medio ambiente y la salud de los trabajadores y de los consumidores, se tendrá que elevar la productividad invirtiendo también en el desarrollo de las capacidades de los trabajadores y cuidando su integridad física y mental, se tendrá que mejorar la rentabilidad optimizando procesos y mejorando la calidad de la gestión y preservando la  calidad del trabajo y de los ingresos de los trabajadores, en suma, se deberá ser competitivo, mejorando la oferta de valor a los clientes sobre la base de la innovación, el desarrollo tecnológico y del personal, fortaleciendo la alianza estratégica con los trabajadores (Responsabilidad social interna) y con la sociedad (Responsabilidad social externa).

Así pues, una empresa socialmente responsable: cuidará el medio ambiente y la seguridad y salud de sus trabajadores, promoverá el diálogo y la cooperación como base de sus relaciones internas y externas, desarrollará programas para mejorar sus estándares laborales por sobre los mínimos que impone la legislación, invertirá en la mejora de las capacidades de todo su personal, invertirá en el desarrollo de nuevas y mejores tecnologías, se esforzará por mejorar la calidad y seguridad de sus productos y servicios, promoverá y participará en programas de mejoramiento económico y social de la comunidad, seguirá los principios y las pautas del buen gobierno corporativo, no realizará acciones de injerencia política, rechazará cualquier posibilidad de involucrarse en actividades lindantes con la corrupción y la ilicitud, asumirá, en suma, una conducta ética, transparente (apertura y rendición de cuentas) y socialmente comprometida en todos los aspectos de su organización y actividades.

Paulatinamente, todo ello se hará visible y será destacado y reconocido por los agentes sociales y económicos, consolidando el prestigio y la legitimidad de la empresa y la expectativa de los proveedores, financista y consumidores actuales y potenciales por vincularse a ella, aportando a la empresa una base mayor de sostenibilidad en el largo plazo, compatible con el mejoramiento de los estándares sociales en la comunidad, a los que aporta la empresa, fortaleciendo la alianza estratégica entre esta y las comunidades vinculadas (stakeholders).

La Responsabilidad Social en el ADN de la empresa

Varias condiciones son necesarias para que el enfoque de responsabilidad social se plasme de manera efectiva en la empresa, entre ellas:

  • Su incorporación en todos los documentos normativos y planes estratégicos y operativos de la empresa, de modo que los principios de la responsabilidad de la responsabilidad social, su metodología y herramientas se transversalicen a todos los niveles y áreas de la organización y sus actividades.
  • El involucramiento y liderazgo real y visible de los más altos niveles directivos de la compañía – la Responsabilidad Social no es algo que se deba delegar -, discurriendo a todos los niveles jerárquicos de esta.
  • El desarrollo de una cultura de Responsabilidad Social, sobre la base de un compromiso de base ética, que incorpore el diálogo, el respeto, la transparencia, la participación y el aporte al bienestar de las comunidades vinculadas (internas y externas,) en la base de principios y valores de la empresa.
  • El diseño y la implementación efectiva de un sistema de gestión de la responsabilidad social, que articule todos los niveles, programas y acciones de la compañía.

Finalmente, el compromiso de las empresas con el desarrollo de las comunidades vinculadas no sustituye a la responsabilidad del Estado de definir, promover y ejecutar políticas, normas y programas que, a la par que fomenten la inversión y un escenario de estabilidad para las actividades empresariales, garanticen la atención de las necesidades esenciales de la población y mejora de los estándares y perspectivas de calidad de vida, integrando crecimiento económico, competitividad y desarrollo económico y social.

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[1] Las referencias que se mencionan e insertan en este artículo corresponden a SCHWALB, María Matilde y GARCÍA, Emilio. Evolución del compromiso social de las empresas: historia y enfoques. 1ra edición. Universidad del Pacífico. Lima. Agosto 2003. Págs. 32 a 34.

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