Déjala decidir de verdad: una mirada distinta

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Nuria Allemant

Abogada PUCP. Alumna del segundo ciclo de la Maestría de Civil y Comercial en San Marcos. Abogada del área legal de CESEL INGENIEROS

El aborto como delito

Hace algún tiempo ha corrido por redes e incluso ha llegado al Congreso la propuesta de despenalización del aborto en casos de violación. Supuesto con el que coincido plenamente. Hoy, salvo por el aborto terapéutico expresamente establecido por ley, se trata de un delito sin pena efectiva. Nadie ha sido procesado (menos condenado) por este delito.

Si partimos de la teoría penal conforme la cual los delitos son aquellos comportamientos de riesgo que la sociedad no acepta bajo ningún concepto con la finalidad de preservar la paz social, es claro que el aborto puede tener detractores o defensores en un aspecto de opinión, pero la sociedad en conjunto no considera que se trate, pues, de un delito en el que el Estado deba intervenir.

Es por ello, reitero, por un principio de realidad, que creo que se debe despenalizar el aborto en general y no sólo para casos de violación. La Constitución habla de la concepción, es verdad. Pero en esta, como en varias otras materias soy una firme convencida que el derecho tiene que ceder ante la verdad científica para no caer en contradicciones. La CIDH, por ejemplo, en reiterada jurisprudencia, habla de la nidación o anidación como el principio originario de la vida humana viable. Podemos adscribirnos a esa teoría. Los legisladores no son médicos necesariamente y los abogados debemos reconocer nuestras limitaciones en las áreas que no son de nuestra especialidad. Sin embargo, así como considero la despenalización del aborto en cualquier supuesto que la gestante lo decida, también creo que debe agravarse la pena y castigarse severamente cuando se practica un aborto sin el consentimiento de la gestante.

El aborto en los casos de violación sexual

Creo y sin temor a equivocarme, que el Estado no sólo debería garantizar que nadie sea violentado en su libertad sexual, sino que, tras negar la repartición gratuita e inmediata de Postinor[1] en establecimientos de salud del Estado, ¿qué opción podría tener una mujer violada pobre o de bajos recursos[2] para evitar un embarazo producto de dicha violencia? Ninguna.

Hasta ahí, es evidente que, en el horripilante caso que una mujer sea violada y quede embarazada producto de la violación, el Estado es responsable (de alguna manera) al prohibir la distribución gratuita de la AOE[3]. Si se legalizase el aborto, como propongo en el primer acápite, ella tendrá (aparentemente) dos alternativas: abortar o tener al bebé.

Siendo honestos, un Estado que, se supone, defiende la vida (de todos) ambas opciones deberían tener resguardos estatales reales a nivel nacional. Si una mujer queda embarazada por una violación y libremente decide tener al bebé, pues debería haber políticas públicas específicas para que a lo largo del periodo de gestación y parto los tratamientos y medicinas necesarias para ella y el bebé sean gratuitos en todas sus dimensiones. Igualmente, si la mujer decide abortar, entonces que el Estado garantice la mayor salubridad en esta decisión. Siendo que en ambos casos debe acompañarse del tratamiento psicológico más adecuado tras un shock grave como este, con las reservas del caso y sin ningún tipo de marginación o presión hacia ninguno de los lados de la balanza.

Sobre el aborto voluntario

El aborto libre o voluntario (considerando un escenario en el que mañana se decide su despenalización) me parece que no tiene ni siquiera una pizca de parecido al caso anterior. Nadie decide ser violada[4], pero una relación sexual consentida, la mujer decide libremente ejercer su derecho a vivir una vida sexual activa. Ese sí es su cuerpo y por tanto por supuesto que es parte de su decisión en la que nadie puede o debe tener injerencia alguna.

Aquí nos encontramos ante un hecho innegable: la educación sexual más elemental, la más básica y primigenia, puede no saber de tipos de anticonceptivos, sus niveles de eficacia u otros conocimientos que es necesario impartir; pero lo que conoce es que los hijos nacen producto de una relación sexual

Déjala decidir es, creo yo, una frase que supera largamente a todas las campañas pro-elección del aborto (incluso como un derecho de las mujeres) que hay pululando en el país, porque ocultan intencionalmente o sin intención, una realidad que, curiosamente, sí se hace visible en otros aspectos de la vida y del derecho.

La explicación más simple y más básica de por qué tenemos derechos laborales, sociales o hasta de protección del consumidor es porque muchos señalamos que en la realidad no existe libertad de decisión en una persona de bajos recursos o que se encuentre en una situación apremiante o en desequilibrio informativo.

Es un argumento recurrente que por supuesto comparto. No hay libertad de elección si no tienes todo el conocimiento previo y posterior de un acto (más aún si involucra un procedimiento médico en tu cuerpo). No hay libertad si la necesidad, la presión, el amedrentamiento de la pareja o de la familia[5] pueden más que tu propia voluntad.

Como si de heroínas se tratasen, algunos colectivos sacan declaraciones de mujeres que justifican su aborto por mil razones (distintas a la violación). “No lo planee”, “Soy muy joven”, “mi carrera es primero” un largo etcétera. Un largo etcétera que no se contempló… al momento previo de mantener la relación sexual. Porque he leído que “incluso siendo responsable, el anticonceptivo falla”. Eso es completamente verdad. Todos los anticonceptivos tienen un margen de error y mucho de ese margen depende de su propio uso. Y quien lo señala lo sabe, por lo que una relación sexual va a contener siempre un riesgo en menor o mayor medida de un embarazo. Lo que nos lleva a la curiosa conclusión que para todas estas ¿valientes? comentaristas, su planificación familiar, su carrera, su edad, su familia no eran suficientemente importantes antes de decidir tener una relación sexual. ¿Qué cambia el orden de prelación en sus vidas después?

Este es mi punto de vista muy alejado del derecho penal y del derecho en sí mismo: la consecuencia y la responsabilidad son indispensables las veinticuatro horas del día. No cuando me conviene más. Mi derecho a decidir siempre estuvo ahí. Ese mismo derecho que me llevó a asumir el riesgo es aquel que tendría que llevarte a asumir la consecuencia de tus propios actos.

Nadie espera que la gente heterosexual viva reprimida hasta que se “sienta lista” de ser padres. Eso es absurdo. Supondría que, por ejemplo, nadie conduzca su automóvil por el riesgo de tener un accidente. La gente conduce siendo conscientes que en mayo o menor medida, esto implica un riesgo.

Me parece importante que se promueva una sociedad responsable y consecuente con sus propios actos. Así como exigimos que si una persona conduce mal y causa un accidente, asuma su responsabilidad y no se dé a la fuga, es preciso interiorizar que cada decisión en la vida, por más simple que este sea, puede traer consecuencias y un adulto tiene que afrontarlas.

 Cuatro falacias que deseo dejar al descubierto

1. Legalizar el aborto en cualquier circunstancia no es una conquista para las mujeres pobres.

Las mujeres pobres son aún menos libres que las que no lo son. Dejarlas abortar libremente sería una conquista fuera de las clases sociales mientras no contemos con salud de calidad gratuita. Mientras cueste, aunque fuese poco, no es verdad que desaparecerán los abortistas clandestinos.

Salvando las distancias, es como decir que por que la venta de licor es libre, no existe contrabando o falseo del contenido de la botella. La gente con menos recursos no irá a una licorería, recurrirá al contrabando o al licor bamba. Es exactamente lo que ocurriría en la liberalización que no sea acompañada de una agresiva campaña de mejora en la salud a nivel nacional. Si quieren ver el aborto como un asunto de salud pública, hasta por un asunto de lógica interna, preocúpense primero por la salud pública gratuita y la calidad con la que está siendo impartida. Porque hayan postas cercanas, porque en los hospitales de provincia hayan médicos y medicinas. Al menos personalmente, creo que eso es bastante más urgente para salvaguardar la salud y la vida de una mujer (y de cualquier persona) en situación de pobreza que permitirle el aborto en condiciones exactamente igual de insalubres (o peores) que en consultorios clandestinos.

2. Las mujeres y todas las personas son completamente libres de decidir sobre su cuerpo (con ciertas restricciones de los derechos irrenunciables) pero el blastocito, el cigoto, embrión o feto no es parte del cuerpo de la mujer.

Hablemos de biología. No de biología avanzada o de ginecología, sino de la biología básica, la de colegio. Cada ser humano está compuesto por 46 cromosomas (salvo excepciones) que forman su línea genética única e irrepetible. Salvo que hablemos de un clon, esas “células” anidadas son otro ser humano completo y viable, que si se desarrolla, pensará por sí mismo y al nacer tendrá una personalidad propia y autónoma.

No es tu apéndice, tus amígdalas, tu vesícula. Ni siquiera es tu útero. Si fuese así, la nidación o anidación no sería tan compleja y las mujeres con factor RH negativo, no tendríamos que cuidarnos de que el cuerpo considere a esas “células” como un agente patógeno externo si el blastocito o embrión no es de nuestro mismo factor sanguíneo y lo termine por rechazar.

Lo otro es la increíble alienación con respecto al padre del bebé en estas campañas. ¿Ninguno querrá tener a su bebé? ¿Su opinión no cuenta? La naturaleza hizo que sólo las mamíferos hembra podamos gestar. Pero sin los gametos del macho eso es imposible. Entonces ¿él no tiene posibilidad alguna de opinar? Opinar no es decidir. Pero vamos, pareciese que para ninguna campaña esa opinión contase en lo absoluto.

3. Hablemos claramente. Decorar los nombres de las cosas, no las cambian en absoluto.

Cuando se habla del “costo social” en realidad nos referimos a personas completamente inocentes que murieron de forma injusta y, la mayoría de veces, arbitraria, pero qué horrible hablar de asesinatos por error. Mejor suena “costo social”. Ah, pero la matanza de Barrios Altos fue lesa humanidad, ¿cierto? Bueno, para varios, eso es técnicamente conocido como “costo social”.

Qué feo suena “aborto”, llamémosle “interrupción de embarazo”. También he leído “no estás matando un hijo, son células”. Sí, bueno, todos somos organismos pluricelulares en realidad. “No tienen conciencia”, entonces la medicina debiera proscribir mantener a la gente en coma porque “no tienen conciencia”. “No sienten” además que a partir de determinada semana se ha comprobado que es un error, digamos que se hace en las primeras. Entonces lo mismo, personas con muerte cerebral, no deben conectarse a máquina alguna porque “no sienten”.

Si le decimos “legalización del aborto” no es promoverlo. No. Jamás (y se rasgan las vestiduras señalando que tienen una amiga mamá a la que adoran y que es de la misma clase media que tú). Pero no pedimos mejores condiciones de salud en zonas pobres o programas de atención especial para la madre adolescente. No estamos promoviendo el aborto pero… no te damos ninguna alternativa ni marchamos por mayores y mejores condiciones médicas en general.

4. Si se va a hablar de falta de información de métodos anticonceptivos, hablemos también de la información necesaria sobre el aborto mismo.

En efecto, el Estado está en falta con la educación sexual. Pero hablemos claro. La educación sexual no es ni puede ser tarea exclusiva del colegio o del centro educativo. Así como el respeto por las demás personas, la consideración, la solidaridad, la educación sexual debe venir de casa. Lo más simple es echar la culpa.

Y hablemos de algo más. Los métodos anticonceptivos son un tópico fundamental en la educación sexual. Pero, la gente que es “pro opción”, si quiere ser consecuente, debería también informar de qué es en realidad, para el cuerpo y para la mente, un aborto. Qué métodos existen, qué implica el procedimiento, qué consecuencias tiene para la mujer y cuáles son los riesgos que corres al practicarlo y, como es evidente, qué puede ocurrir después de habértelo practicado.

No he leído ni una sola web o colectivo que hable de ello seriamente. Por el contrario, veo muchísima información a medias (que es aún más peligrosa que no colocar información alguna).

Se dice que es falso que el aborto cause depresión, efectos secundarios en el aparato reproductor o que el embrión sienta. Pues son verdades a medias. Cada persona es distinta y por supuesto que cabe la posibilidad de una depresión inmediatamente posterior o a largo plazo. La negligencia médica sucede en todas las instancias y más en órganos tan sensibles como la membrana uterina y, de nuevo, cada mujer es diferente, por lo que un médico tras una evaluación real debe advertir las posibles consecuencias o efectos secundarios. Entonces, debemos pedirles a todas las personas que piden el derecho a decidir, que informen también de lo que están pidiendo. Recuerden que, si algo no sale como uno espera, no hay manera de volver atrás.

En resumen: sé responsable y consecuente con tus propios actos. Pero si prefieres no serlo, entonces déjala decidir. Pero déjala decidir libremente en el momento adecuado y no después, viendo los pros y contras de cada una de las decisiones. Informándose – de verdad – en qué consistiría una u otra alternativa.

Repito, la salud peruana está en crisis. Si se quiere abordar esto como prioritario, miren en qué condiciones están los hospitales y postas más alejados y compárenlos con sus quirófanos clandestinos y veamos si, en efecto, ellos garantizan menos mortalidad materna por aborto.


[1] Tribunal Constitucional, Sentencia recaída en el Exp. 02005-2009-PA/TC de fecha 16 de octubre de 2009
[2] Puesto que la Sentencia referida, sin ninguna explicación suficiente, realiza la diferenciación entre la venta pero no la distribución gratuita de la píldora del día siguiente en base a una presunción de “posibilidad” de implicar un aborto.
[3] Anticoncepción Oral de Emergencia
[4] Y concuerdo plenamente con los colectivos que aclaran que en ninguna circunstancia la violación es provocada de manera alguna por la víctima.
[5] El más clásico de los casos es que “te boto de la casa”, “no te pago los estudios”, etc.

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