Sobre el triunfo fujimorista en primera vuelta y PPK como alternativa presidencial

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Victor Manuel Quinteros Marquina
Magister en Ciencia Política y abogado por la Pontificia Universidad Católica del Perú
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Pasó la primera vuelta, y viendo los resultados es obvio que el fujimorismo ya ganó, incluso si Keiko pierde. Con la conformación actual del Congreso, incluso si gana PPK (o si hubiese ganado Mendoza), el Fujimorismo ganó igual. Con 68 congresistas el 50%+1 de votos a favor del fujimorismo es una realidad, y con ello el cumplimiento de su principal objetivo: La liberación a Alberto Fujimori, su líder histórico y símbolo de una impunidad moral que aún ahora reclama su inocencia. ¿Cómo lo pueden hacer? Pues votando por mayoría simple las siguientes alternativas: 1. El arresto domiciliario por razones de enfermedad o edad; 2. La eliminación de las restricciones de indulto y beneficios penitenciarios a condenados por secuestro agravado; 3. La amnistía como instrumento oportunista de reconciliación (opción más radical y controvertida). En todos los casos, la norma se promulga aún con la oposición o inacción del presidente de turno, por el presidente del Congreso. Esa posibilidad, o abanico de alternativas sólo se explica con una mayoría Congresal tan aplastante. Por eso, el fujimorismo ya ganó.

Sin embargo, existe la posibilidad de que la acumulación de poder tenga un contrapeso y que el fujimorismo no lo acapare de modo casi absoluto. Esa posibilidad sólo se expresaría con un voto en contra de Keiko, sea por convicción, tapándose la nariz, con hoja de ruta, previas disculpas públicas o lo que sea, y en estas circunstancias sólo el segundo candidato más votado representa esa opción. A la luz de los reportes de la ONPE, esa opción, guste o no guste es PPK.

Cierto es que el cambio de modelo no está presente más en el debate y que las opciones a elegir son similares en el plano económico, pero ello es consecuencia de los errores de los propios opositores al fujimorismo –me incluyo– o incluso de los detractores de aquel modelo que ellos representan (al igual que PPK), quienes lejos de preveer este escenario, durante cinco años sólo escribieron, opinaron, criticaron, hicieron proyecciones pero en la práctica, nunca pasaron a la acción. Por el contrario, en nuestras narices y teniendo tras de sí la experiencia de la elección del 2011, el fujimorismo sí trabajó y con su candidata a la cabeza consolidó partido, sumó adeptos con cada visita, cada viaje y cada presencia a nivel nacional. En eso, el fujimorismo también ganó, siendo su 39% una confirmación de la intención de voto conocida meses antes de la elección. Cosa contraria representa la izquierda, cuyo resurgir en la presente elección se lo debe a una gran candidata –Mendoza–, que por carisma, empatía, ideas claras y buena comunicación arrastró tras de sí al Frente Amplio del 2% al 18% y le dio la opción a una importante representación Congresal, además de una oportunidad, una nueva, una más, para construir una verdadera opción de izquierda, programática, organizada y moderna, precisamente lo que no existe ahora. Mendoza le ha regalado tiempo a la izquierda, un aire para reinventarse y depurarse, pero no solo eso, al conectar con el pueblo también le regaló la expectativa de la gente y la opción de representar sus demandas, le regaló ese casi 20% a partir del cual hacer lo que disciplinadamente hizo el fujimorismo desde el 2011, consolidar partido.

Las cosas se presentan de ese modo y las opciones están allí porque sólo un grupo las planificó (el fujimorismo), y quienes estamos en contra de ellos no hicimos lo suficiente para enfrentarlos a través de una alternativa propia, construida con la misma convicción, con antelación y con planificación. Por ello, la opción democrática es PPK, y aunque es una opción percibida como ajena por algunos o imperfecta para muchos, es una opción al fin. En algunos casos podrá ser una opción ideológicamente opuesta o incompatible, pero al menos es democrática y no amenaza con ser autoritaria. El fujimorismo cuenta con 68 congresistas, nada menos que mayoría absoluta, y entre ese grupo se cuenta a personajes del pasado, aquellos que nos recuerdan día tras día que el fujimorismo de ahora mantiene sus raíces, aquellos que ya antes han votado por la intervención de los poderes del Estado y que avalaron con entusiasmo el golpe del 5 de abril, la ley de interpretación auténtica y la re-reelección del 2000. No es bueno lo que uno puede imaginar si, además de controlar el Congreso, el fujimorismo llega a ser gobierno, peor aún con Fujimori fuera de prisión, queriendo recuperar el liderazgo que por ausencia y gracias a él hasta ahora ejerce su hija.

La izquierda debe planificar su transición y en ese proceso depurar a quienes impiden su modernidad y aprovechar la oportunidad que se les ha dado para convertirse en una opción real, pero en este momento les toca decidir en el marco de un tipo de elección que sólo se explica por su falta de acción y planificación por asumir en su momento ese gran proyecto. A todos los demás, anti-fujimoristas o no, también les toca evaluar el enorme riesgo que representa el fujimorismo a partir de la acumulación de poder que están a un paso de conseguir. Para muchos el voto será anti fujimorista, quizá contra Keiko, pero sino lo fuera, la proximidad del fujimorismo al poder casi absoluto es una razón suficiente para evaluar un voto a favor de PPK. Y aun cuando muchos esperan de este un compromiso, una hoja de ruta que lo aleje un tanto de la derecha que representa, lo que sí se sabe es que durante toda la primera vuelta mostró un equipo y cuadros congresales de probadas credenciales democráticas que en su caso, hacen impensable cualquier apuesta o aventura autoritaria como aquella que el fujimorismo ya representó y siempre amenazará con representar.

Finalmente, y repito, ya que el escenario de hoy es consecuencia de lo hecho por unos (como el fujimorismo) y lo no hecho por otros (otros grupos, incluida la izquierda) en el pasado, sí solo evaluamos a los candidatos por su experiencia y trayectoria técnico-profesional, tenemos la opción de una candidata joven sin mayor experiencia en gestión y un paso fallido por el Congreso, quien está a punto de representar la acumulación de poder a la que antes me he referido; y la opción de un candidato cuyo record profesional nos remite a cargos ministeriales desde la década de los ochenta y responsabilidades de Ministro de Economía y Primer Ministro en los años posteriores a la caída del fuji-montesinismo en el 2000. Sólo evaluando tales credenciales personales (sin considerar aspectos ajenos al estrictamente laboral, donde quizá muchos encuentran reparos), y tomando la representación de la nación, del Estado, como un tema serio, el voto por PPK vuelve a encontrar mayor sustento y se presenta como la mejor opción frente a Keiko, como persona, y el fujimorismo como alternativa política de gobierno.

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